Andrés Caicedo: unos pocos buenos amigos no es narrada por Luis Ospina ni es confesional y, sin embargo, termina siendo tanto de Luis como de su gran amigo Andrés Caicedo y, por cierto, cómo no, de Cali. Porque Andrés Caicedo, el mártir de los cinéfilos, el joven escritor suicida de pelo largo, perfectamente podría no existir en la blogósfera pop si no fuera por Ospina. El se encargó que Caicedo no se perdiera y lo logró. Luis Ospina tomó el riesgo que Caicedo pudiera opacarlo en el camino quizás sintiendo que, a veces, en la vida, uno de los roles importantes que a uno le puede tocar es simplemente ser amigo de alguien que lo necesita. Unos pocos, buenos amigos es la biografía oral y visual de un fantasma. De alguien que ya no está y que está en todas partes.