HERMOSOS PERDEDORES
Por Cristóbal Bley
Hermosos Perdedores: Sobre cosas que me han pasado
de Marcelo Matthey es un libro que miente. Es falso. Totalmente: a su autor nunca le pasó nada, pero de la nada, genera algo.
Por Cristóbal Bley
Hermosos Perdedores: Brillante como una cacerola
de Amélie Nothomb. Leerlo es rápido, los cuentos son cortos, la impresión instantánea: un libro tan oscuro como el mundo.
Por Cristóbal Bley
Hermosos Perdedores: Una historia en bicicleta
de Ron McLarty. Smithy nunca supo qué tipo de persona quería ser. Ni siquiera estaba seguro de querer dejar de ser la que era. Pero como si fuera necesario: en la vida —aprendió el buen Smithy Ide— el que sabe pierde.
Por Cristóbal Bley
Hermosos Perdedores: Pudor
de Santiago Roncagliolo. A veces dan ganas de tener razones para mandarlo todo a la mierda. De que las cosas no hayan salido tan bien, de tener una historia que justifique la escapada. Argumentos. Algo que decir cuando te pregunten que por qué duermes en la plaza.
Por Cristóbal Bley
Hermosos Perdedores: Historia de una mujer
de Marcelo Birmajer. La mujer —o muchas de ellas— no puede seguir considerándose como una homo sapiens con lo bonita, lo perfectamente bella que es. No tiene sentido.
Por Constanza Miranda
Hermosos Perdedores: Hermano Ciervo
“Hermano Ciervo” camina por historias de adolescentes hermosos como los de los videos de Dënver, por el frío del sur, por los niños huasos, por la desesperación del peluquero, por los animales. Y por los muertos.
Por Cristóbal Bley
Hermosos Perdedores: La vida de una vaca
de Juan Pablo Meneses. Saber sobre el proceso de la carne y familiarizarse con el crecimiento de una vaca no quita, como se puede pensar, las ganas de comerse un bistec. Al revés: miro el libro y puro me da hambre.
Por Horacio Valdivia
Bienvenida librería Qué Leo a cinépata
Libros y películas han ido siempre de la mano. Nos juntamos con los encargados de “Que Leo” para ver cómo podíamos unir aun más ambos mundos y desde hoy estaremos comentando sobre libros indie, que en Qué Leo tienen por montones.









