septiembre 15, 2014

Artículo parte de las sección: Filias y Fobias

Winter el delfín 2

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Filias y Fobias es la columna quincenal que Javier Porta Fouz, director de la revista El Amante (Argentina), aporta exclusivamente para Cinépata. Filias y Fobias es también el título de un libro que compila sus textos críticos sobre películas, directores, actores y otras hierbas, el que será publicado en 2014 por Ediciones UDP.


 

Tal vez carente de todo olfato, cuando me asignan la crítica de una película como Winter el delfín 2 no me fastidio, hasta me pongo contento, me predispongo a ser sorprendido. ¿Qué problema hay con que sea una película para chicos, o de esas que se presentan como “family movies”? Las buenas películas pueden aparecer en lugares inesperados. Y una película industrial, sobre un delfín discapacitado, con algunos actores conocidos pero que aparecen menos minutos que los verdaderos protagonistas puede llegar a ser una de las sorpresas del año, de esas películas de las que no esperamos demasiado y finalmente son las que nos ayudan a mantener vivo el interés en Hollywood. Fui con menos expectativas a ver Marley y yo y resultó una película para atesorar.

 
¿Qué problema hay con que sea una secuela? Y ni siquiera tenemos que hablar de El padrino 2 o Toy Story 2. Sin salirnos de las secuelas con animales, podemos afirmar que toda secuela zoológica tiene en su adn la posibilidad de algo como Babe 2, esa anomalía fulgurante que fracasó bestialmente y dirigió el súper australiano George Miller, quien no había dirigido la primera (era de Chris Noonan). En la segunda parte de Winter la dirección es del mismo señor que comandó la uno: Charles Martin Smith. Actor de muchas películas y series, sin tener buscar en IMDB lo recordaba con claridad de American Graffiti y de Los intocables. Al buscar agrego Starman. Y no puedo no apuntar que su opera prima como director fue esta rareza. Pero no es de Charles Martin Smith y su carrera como actor y director de lo que quiero hablar, sino de Winter el delfín 2, esa película a la que fui con esperanzas, al fin y al cabo me gustan especialmente los acuarios, el agua, los peces y el cine marino. Vi la película. Me puso de muy mal humor. Escribí una breve crítica para La Nación. Pero me quedaron pendientes algunos apuntes.

 

Los protagonistas son los actores adolescentes Nathan Gamble y Cozi Zuehlsdorff, chico y chica nacidos en 1998, quienes en la primera película tenían tres años menos. Los actores adultos como Morgan Freeman, Ashley Judd y nada menos que Kris Kristofferson –un señor que además de ser un vándalo motorizado en Bring Me the Head of Alfredo Garcia supo cantar con Barbra Streisand– hacen comparsa, y están encargados de proferir diálogos que bien podrían no estar pero están para justificar su presencia y “hacer cartel”. El adulto que más preponderancia tiene es Harry Conick Jr. porque es “el jefe” del lugar, del hospital marino en el que trabajan su hija y el chico que ha sido clave para la recuperación delfín –hembra– Winter. Y la película se centra en las decisiones y en los desafíos de estos chicos en función de sus responsabilidades y deberes laborales, en mostrar cómo pueden tomar decisiones sensatas, correctas, positivas. Se puede hacer grandes películas sobre el mundo del trabajo y la ética protestante (Draft Day de Reitman, no pocas películas de Eastwood), pero no es el caso aquí. No es el caso de esta película que tiene la pasión de un formulario burocrático.

 
Winter el delfín 2, que transcurre en la soleada Clearwater en la Florida, carece de oscuridad en los personajes. No solamente porque no hay malos sino porque ni siquiera hay berrinches o manías salvo un (1) momento de mínimo enfrentamiento entre padre e hija, que no estructura para nada al relato, es apenas una estación obligada, desganada. Los humanos de esta película no califican del todo como personajes, son engranajes de algo así como la demostración práctica del manual de procedimientos de las reglas ISO del lugar. Son seres carentes de temperamento, de pliegues, de alguna clase de interés: sólo el delfín se enoja y ofrece algo que podría ser considerado como una reacción imprevisible. Y claro, está el mejor actor aviar en mucho tiempo, el pelícano Rufus, que soporta con estoicismo primeros planos y ofrece humor con algo de respeto por la tradición de presencias animales de la comedia clásica (también es ejemplar en este rubro Bringing Up Baby de Hawks). Es muy revelador que este esforzado pájaro sea considerado en el relato como un personaje “loco”. Y es muy revelador también que al principio ese pájaro haga el mayor desorden que se permite la película, el picoteo de una cartera de una visitante del lugar, que se ofende mucho pero es compensada con una orden de compra de un peluche del acuario. El mundo de Winter el delfín 2 intenta ser todo el tiempo reconfortante a base de procedimientos como ese, y busca brindar esperanza para la discapacidad humana (ahí apunta con la presencia de una surfista sin un brazo y con el delfín sin cola). Las imágenes reales de chicos y el delfín real al final indican con claridad que había otras maneras posibles de tratar el tema, mejores, menos falsas.

 

Hay algo aún más revelador: el personaje que interpreta el director Charles Martin Smith es el de inspector gubernamental de acuarios, que conmina a esta gente a que le encuentre un delfín hembra de compañía a Winter, y que señala un mínimo descascaramiento de pintura en una columna. Y lo repite. Sí, claro, para mostrar lo obsesivo que es el señor, pero también para reforzar la idea de un mundo fílmico de plástico, perfecto en su inanidad y en el que la fotografía, la música y los diálogos (a los que accedemos mediante el doblaje, así que esto dicho con las reservas del caso) no se desvían jamás de la chatura que debe dejar todo clarísimo. El momento del reloj metafórico con Morgan Freeman logra combinar lo extemporáneo, lo falso, lo obvio y lo pavote de manera muy notable. Que al final el personaje de Charles Martin Smith comente la resolución con un gesto de la mano tal vez diga más de sus concepciones como director que de las de su personaje.

 

La negación del sentido de la aventura de Winter el delfín 2 es también muy notable. No hay mayor peligro: el radar que detecta lo que parecen ser tiburones en la liberación de un delfín debe figurar entre los recursos más básicos para inyectar tensión donde no la hay. No hay nada que nos recuerde por qué nos gusta tanto esto del cine. Los Goonies y Cuenta conmigo también eran películas sobre adolescentes o casi, y también eran historias de maduración, pero esos chicos tenían brillo vital en sus ojos, tenían la seguridad de que el cine era mucho más que un manual de corrección: podían reconocer que el mundo podía ser oscuro y complicado y también maravilloso y fascinante al vivir aventuras, al ir más allá de la frase reconfortante y los procedimientos dignos de manuales y no de películas.

 

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