agosto 1, 2014

Artículo parte de las sección: Filias y Fobias

Twitter, cine y fervores

Escrito por

Etiquetas: , ,

 
Filias y Fobias es la columna quincenal que Javier Porta Fouz, director de la revista El Amante (Argentina), aporta exclusivamente para Cinépata. Filias y Fobias es también el título de un libro que compila sus textos críticos sobre películas, directores, actores y otras hierbas, el que será publicado en 2014 por Ediciones UDP.


 

Amo Twitter. Se generan ideas, las noticias se saben antes, se critica absolutamente todo, se es pasional, se dicen y se defienden a capa y espada los más esplendorosos caprichos. Se entra y se sale con facilidad, está en la computadora, en el teléfono, en el smart TV. Claro, hay que armarse un TL que esté bueno, o que se ajuste a lo que uno quiere. Y se aprenden –se pueden aprender, mejor dicho– reglas de etiqueta, de lógica, de funcionamiento del asunto. Incluso, en mi caso al menos, uno se entera de información muy útil para el trabajo; los trabajos, mejor dicho.

 

Amo el cine. Bueno, ya lo saben. Y si no lo saben les adelanto que no desarrollaré los motivos en esta columna.

 

Cine y Twitter no siempre combinan bien. Muchas veces hay links a notas excelentes, aparecen fotos gloriosas, hay información muy útil y/o asombrosa, se repiten los anuncios de muerte de actores, directores, productores, montajistas y lo que sea. Pero no me voy a disfrazar de serio. Los disfraces me gustan –son fundamentales– pero ese de señor serio justo no me calza. Adoro esas discusiones medio revueltas sobre la calidad de una película, en general sobre las que ya tienen –por lo menos– algunos meses desde que fueron estrenadas. Discutir sobre estrenos recientes, cuando todavía no escribí nada sobre ellos, noto que no me divierte mucho. Soy de empezar a discutir si tengo un link a mano con alguna nota propia sobre la película. La idea de estar argumentando larga y eternamente en Twitter no es lo mío. Además, como ya dije varias veces, creo que sólo vi realmente las películas sobre las que he escrito.

 
Así las cosas, prefiero seguir intentando convencer a la gente de que Larry Crowne es una grandísima película antes que tratar de establecer con decenas de tuits que Godzilla 2014 es horrible a minutos de haberla visto.

 

A minutos de ver algo quizás pueda recomendarlo si estoy muy seguro, como en el caso de Jersey Boys de Eastwood. O Al filo del mañana con Tom Cruise. Para que quienes comparten un gusto por esos nombres ya sepan que me han gustado. En el caso de la Eastwood, además, para que se preparen para verla porque se olía el fracaso rotundo en la taquilla. No estoy en contra de recomendar, sí de esa aparente necesidad de tuitear velozmente sobre cada película que uno ve.

 

Voy a festivales de cine, incluso a algunos de los más tuiteados: los últimos tres Berlín, los últimos dos Cannes. Y leo que los periodistas tuitean y tuitean (yo, por suerte, voy como programador) apenas terminan de ver las películas. Incluso tuitean sobre la película que están por ver. “Estoy por ver tal cosa”. Sí, ya sé, es parte del juego. Los periodistas reciben acreditaciones e invitaciones para generar todo eso. Pero no deja de resultarme bastante soso. A veces hay alguna foto buena, o alguna frase ocurrente e incluso talentosa. Pero la verdad es que la mayoría de las veces me encuentro con mera información de situación no muy relevante, o con juicios breves sin grandes picos de interés.

 

Pero hay otro costado de todo esto que me perturba. Es el fenómeno: “todos dicen algo, tengo que decir algo”. Como si no poner algo sobre ese algo del que todos dicen algo fuera algo condenable. O algo horrible. O como si fuera algo no poner algo inmediatamente luego de ver algo, o incluso antes de ver algo. Las películas tienen cuentas de Twitter. Entonces de repente te empieza a seguir Relatos salvajes pero quizás también El asesino de la calle 8. Las cuentas de películas están para escribir sus cosas, claro. Para que quienes quieran arrobarlas las arroben, gente que en general escribe comentarios (muy) positivos y así en general se los retuitean. Mucha gente –que busca notoriedad en las redes, o notoriedad a secas, o es cholula, o ni siquiera eso– elogia y elogia y arroba y arroba, y menciona y menciona para que lo retuiteen, etc.

 

Cada vez que se viene una de esas películas que dicen que son las más esperadas –son varias al año las que son “la más esperada del año” – se generan series y series de tuits de público –público potencial, entendamos– que dicen meramente “quiero ver tal película”. Lo he estudiado con columnas en mi Tweetdeck sobre algunas películas. Muchos tuits que dicen, con más o menos adorno, nada más que eso. No sé qué es lo que motiva a tanta gente a poner esa clase de cosas. ¿Sentirse “parte de la conversación”? ¿Organizar con sus amigos la próxima salida al cine? (por eso de que muchos adolescentes usan Twitter como un grupo de Whatsapp) ¿Afirmación de la libertad de expresión? Qué sé yo. Allá ellos. Es lógico –e inteligente, y muchas veces fructífero– que las películas, las empresas, las revistas, las personas utilicen las redes para promocionarse. Hasta puede ser divertido.

 

Pero hay algo que me perturba aun más: los periodistas y otras trazas de gente que van a las funciones privadas y que se dedican a anticipar que van a ir, a decir que están por salir a ver tal cosa, a confirmar que ya están llegando (qué suerte que lleguen a tiempo), a asegurar que ya se sentaron, a poner la foto del lindo set de material promocional que recibieron. Luego de la función se multiplican las opiniones. Y como esto es un juego de hipérboles, al rato las películas suelen ser las mejores del mundo mundial desde que se extinguieron los dinosaurios. Porque nadie quiere ser menos que el otro maníaco. Cada vez más películas proponen este juego, cada vez más gente entra en el juego. Sí, pasó siempre, con otras formas, antes de Twitter. Pero Twitter lo hace más frenético. Quizás lo haga tan frenético y centrífugo que lo haga desaparecer pronto, cuando todas las películas tengan su cuenta y cuando todos los que sienten que poder ir a las privadas y ver las películas unos días antes que el resto del público es una gloria difícil de poner en 140 caracteres dejen de tuitear todo y todo el tiempo. O quizás tengamos suerte y cada vez más gente aprenda a utilizar las redes con mayor gracia, o –lectura de Oscar Wilde mediante– con un poco más de habilidad para disfrazarse. Las películas, mientras tanto, están en su lugar más allá de la hojarasca. Y la crítica, bueno, está también en Twitter, pero no en todo tuit, ni siquiera en todo tuit sobre cine, ni siquiera en todo tuit de crítico de cine, ni siquiera en toda cosa que se proclama como crítica. A más medios y más lugares para decir algo con mayor facilidad, es cada vez más importante la selección, es decir, saber armarse el TL, las lecturas, las conversaciones.


 

El Twitter de Javier Porta Fouz.

ARTÍCULOS RELACIONADOS