marzo 7, 2013

Artículo parte de las sección: Torrentes

Rust and Bone

Escrito por

 

Personajes imperfectos

 
Stephanie trabaja con orcas en cautiverio (también conocidas como ballenas asesinas) en Marine Land, un parque de diversiones acuático en la costa Sur de Francia. Es entrenadora, es decir, les enseña a las ballenas a seguir instrucciones y luego participa con ellas en performances donde llevan a cabo las piruetas y gracias que han aprendido frente a una gran y animada audiencia. Poco sabemos de Stephanie antes de conocerla en la piscina, con las orcas, bailando al ritmo de un remix medio tecno-pop (que incluye Firework de Katy Perry) parecido a lo que se solía escuchar -para los que crecimos en los 90- en el “Tagadá” de Fantasilandia. Sabemos -o imaginamos- que Stephanie es una mujer ruda e independiente, y que se relaciona con los otros desde el control y el desdén. Sabemos que es seriamente atractiva y que tiene, y no entendemos bien por qué, un oscuro poder.

 

Ali es joven, bello, infantil y violento (o salvaje, quizás). Es padre de Sam, que tiene 5 años, y de quien de un momento a otro debe hacerse cargo, sin conocerlo demasiado. Acompañamos a Ali y a Sam en un difícil viaje desde Bélgica a la casa de su hermana, a quien no ha visto en más de 5 años, en la costa Francesa, donde Ali pretende instalarse, trabajar, y proveer una vida con cierta estabilidad a su hijo. Ali y Stephanie se conocen una noche en un club/discotheque, en donde Ali trabaja como bouncer. Los detalles de su primer encuentro no son tan trascendentes como el hecho de que los dos, por el corto instante en que interactúan, se relacionan sin ningún glamur, delicadeza o alarde. O por lo menos así lo sentí yo, que como espectadora casi logré interactuar con ellos, porque eran como tú y yo, siempre, oscilando entre la confianza y la torpeza.

 
El accidente de Stephanie ocurre justo después de su encuentro con Ali. Somos testigos de su caída, de ella y las ballenas en el agua, la orca (con todas sus toneladas) tratando de aterrizar en una plataforma para hacer una pirueta, Stephanie perdiendo el conocimiento y con él todo lo que conocía como vida. Jacques Audiard, su director, nos permite participar en cada acontecimiento de la película con detención. No solo conectamos con los personajes y la historia gracias a la determinante cinematografía y una actuación sublime de Cotillard y Schoenaerts, si no que Rust and Bone también nos obsequia la valentía de Audiard que, a través del paso del agua en muchas de las transiciones de la historia, la cámara presente -implacable- en los momentos más agobiantes o dolorosos, la profunda imperfección de sus personajes, y Bon Iver (entre muchos otros), entendemos que el poder de la historia está en su crudeza. Y en su verdad. Stephanie se pone en contacto con Ali algunos meses después del accidente. Ali la encuentra en una silla de ruedas, sin piernas, sucia, viva pero en los ojos muerta. Stephanie no había visto el mar, el agua, ni a las orcas, desde el accidente. Desde el día en que Ali visita a Stephanie por primera vez, algo cambia radicalmente en su expresión.

 

Es justamente después de que Ali la convence de meterse al mar, la ayuda a entrar al agua, y la deja nadar sola, que ella recupera algo y no lo vuelve a perder nunca. Quizás encuentra algo nuevo, no lo tengo claro. Algo virgen. Una fortaleza inofensiva, como cuando de niños tratábamos de trepar árboles gigantes, y nos caíamos una y otra vez, y volvíamos a subir llenos de barro y heridas, hasta que llegábamos a la rama encantada. Ali, en cambio, tiene una fortaleza más bruta e inmediata. Vamos aprendiendo sobre él a través de la relación con su hermana y con su hijo, a quien sabemos que adora, pero no es realmente capaz de cuidarlo y lo abandona constantemente. Parece vivir solo en el momento y no entender de lealtades ni la consideración por el otro. En Bélgica, por un tiempo, Ali se ganó la vida boxeando. Cuando su amistad con Stephanie ya se ha consolidado, Ali comienza a participar en boxeo callejero, peleando clandestinamente en callejones a medio morir para espectadores que hacen apuestas. Para Ali estas peleas, a pesar de no ser de boxeo-como-Dios-manda, parecen ser lo que le trae voluntad. Y Stephanie, en vez de juzgarlo o tratar de alejarse de su marginalidad, es quien lo acompaña, lo apoya e incita a seguir y ganar.

 

rust_and_bone_xlg
 

Comenzamos a formar parte, entonces, de esta relación improbable -y en un principio platónica- entre el niño salvaje y la mujer sin piernas que no es nada de lo que solía ser. Es fascinante ver como la sensualidad de ella decae pero no por la falta de piernas, sino que por la falta de interés en seguir cumpliendo ese rol. Nos acostumbramos a verla de pelo desordenado y camisas grandes, eventualmente luciendo sus piernas de metal. Claro, es Marion Cotillard, y la verdad es que incluso en el close-up con menos maquillaje y más martirio, suspiramos porque su belleza es profunda, le viene de los huesos, pero su performance es tan sólido y conmovedor que a pesar de linda logra expresar esta nueva sencillez medio demacrada, que es, y esta es mi humilde lectura, su libertad. La trama se sigue desarrollando con ímpetu. Creo que lo más admirable de esta película es que los acontecimientos son igual de intrigantes y emocionantes que sus personajes. Seguimos la transformación de ellos como si fuera la transformación nuestra y rezamos por un final feliz. Los queremos porque se encuentran desde un lugar tan sombrío y vulnerable, y nunca se exigen más el uno del otro.

 

Los dos (y en realidad todos en esta historia) han sido mutilados por la vida, tal cual de una u otra manera lo hemos sido todos. Es una historia de miseria y valentía. De amor en su forma más primitiva. De rouille et d’os o Rust and Bone, significa De Oxido y Hueso. Cuando Stephanie visita por primera vez a las orcas en Marine Land después de su accidente, se ayuda de su bastón para caminar con sus nuevas piernas de metal, lento y tembleque, hacia el vidrio del borde de la piscina de las ballenas.

 

Las orcas son mamíferos que miden entre 5.5 y 9.8 metros de largo, pesan entre 4 y 9 toneladas aproximadamente, y habitan todos los océanos del mundo, aunque se pueden encontrar en mas cantidad en los océanos más fríos. Son fieras cazadoras, al punto en que la habilidad que tienen de encontrar y matar a su presa no se compara con ningún otro animal en el océano. Poseen una compleja estructura social en la cual viven y viajan en grupos, usualmente liderados por una hembra. Es una sociedad matriarcal, donde se cree que los lazos emocionales que desarrollan con el otro son tan profundos que son comparables a las relaciones humanas. Nueve metros y nueve toneladas de un ser de tal complejidad en una piscina de agua dulce sugieren encierro y angustia. Cuando Stephanie golpea el vidrio de la piscina suavemente, la cámara se acerca y solo vemos el azul del agua a través del vidrio, a Stephanie de espaldas, y a una ballena acercándose lenta y amablemente al borde de la piscina. Los movimientos de la orca van al ritmo de las manos de Stephanie, quien gentilmente le da instrucciones de moverse o hacer ciertos trucos. Somos solo nosotros, el agua, Stephanie y la majestuosidad de esta ballena, que cuando se acerca más al vidrio, nos damos cuenta, es por lo menos tres veces más grande y poderosa que Stephanie. Y que nosotros. Es en el silencio y movimiento de esta escena en que nos damos cuenta de que la orca no está encerrada, que justamente su sabiduría le permite vivir en libertad. También logramos entender que Stephanie, como la orca, es libre, incluso cuando el metal de sus piernas nuevas se empiece a oxidar. Llegando al final (y clímax) de la película presenciamos -segundo a segundo-, como Ali debe quebrar todo lo que conoce para rescatar lo que al final es su vida. Lo concreto de esta escena no viene al caso, solo la transformación que surge gracias a su violencia, y como los huesos de sus manos se quiebran, se hacen trizas, para sanarse y volver a nacer. Es en lo que está por dentro y no se ve, pero sostiene o corroe la subsistencia, donde Ali y Stephanie encuentran la libertad. Y donde nosotros recordamos -con gran alivio- la necesaria pequeñez de la vida.

 

  • monica

    Excelente análisis. Me encantó. Yo ví la película y la autora pone en palabras cosas que yo pensé y sentí. Gracias y quiero más!

  • Bruno

    Muy bien escrito el comentario. Vi la película en diciembre y juré -inocentemente, olvidando el marketing e industria del entretenimiento que sostienen a los Premios de la Academia- que M. Cotillard al menos estaría a nominada a mejor actriz en los Oscar. En un circuito periodístico en el que mientras más sangrienta y odiosa sea la opinión, es mejor valorada entre pares -snobismo del ‘gueno’- se agradece la valentía que ojos de esta periodista sean capaces de apreciar esta obra, que a ojos de éste otro periodista, que también encontró más que rescatable.

  • http://retazo.tumblr.com Rodrigo

    Muy buen artículo!
    Gracias por esos inside tan honestos y de una profundidad poca vista en la web.
    Gracias Flo!!!

  • http://ideasfrantasticas.wordpress.com/ Francisca

    Fascinante el mundo de las orcas, voy a ver a peli me tinca harto.

    Buen articulo, saludos!

  • Rusty

    buen y bonito artículo
    aunque cuenta un poco demasiado para los que no han visto la peli
    gracias por poner la canción de Bon Iver, que ya he escuchado toda la mañan

ARTÍCULOS RELACIONADOS