diciembre 20, 2012

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Rihanna a mascadas

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En momentos de calentura intensa, cuando la sangre baja toda y de una a la genitalia y uno, como si fuera un hombre lobo que ve la luna, se transforma en un cuerpo que aúlla y sólo existe para seguir sus instintos, en esos momentos —momentos fugaces y posteriormente vergonzosos— es como que uno entendiera a Chris Brown. Por un microsegundo es como que uno piensa (o más bien siente, porque un hombre lobo no piensa): sí, Rihanna está como para pegarle. Tan rica y fina, sus hombros filudos, su guata de marshmallow remojado en café, una mujer tan perfectamente sexy que parece un invento, tan absolutamente calentona que está como para ponerle un coscacho.

 

Pero un segundo después uno piensa (ahora sí, por fin, se piensa) y se da cuenta que no, que cómo pegarle, que Chris Brown fue un maricón de mierda, porque maricón es el que le pega a la mujer y maricón de mierda es el que le pega y la muerde y la ahorca y la trata de tirar a la calle desde un auto en movimiento.

 

Y cómo pegarle a Rihanna, además, la mujer más rica del mundo el 2011 según Esquire, una mina por la que cuántos pagarían por sólo saludarla, darían lo que no tienen por sacarse una foto, un autógrafo, una mirada, y si hay suerte correrle mano cortito sin que se de cuenta —y guardar ese recuerdo como lo más preciado de una vida llena de fracasos y pajas mal corridas.

 

Pero Chris Brown le pegó, y le pegó duro. Discutieron en 2009 por unos mensajes de texto que ella descubrió en su celular, y estando en un auto él le sacó la chucha, le pegó combos en la boca, le reventó el brazo a dormilones, la ahorcó que casi la deja inconsciente, le rompió la cara, le mordió un dedo y le azotó la cabeza contra la ventana. Un animal. Un hombre lobo que tuvo sobredosis de luna, un tipo desquiciado que mereció la cárcel pero se salvó de famoso que es. Rihanna, que tenía que cantar en los Grammys, no pudo hacerlo por lo boxeada que quedó.

 

rih

 

Con una boca de esponja y su actitud bien choriza, Rihanna se hizo famosa de repente. Venía de Barbados, su mamá era afro-guyanesa y su papá medio irlandés, y apareció como tantas otras adolescentes provocativas. Pero rápido como llegó se diferenció del resto, tanto por sus rasgos —exóticos, felinos, irresistibles— como por su voz: un tono jamaiquino caribe novedoso, que se distinguió del clásico registro negro R&B de moda, y mucho más de ese falsete blanco escuela Spears y Cirus. Así, de a poco pero velozmente, se fue transformando en una especie de sobrina explícita, caribeña y calentona de Beyoncé.

 

Su apariencia es comestible. En cada video suyo parece que nos dijera cómeme, mastícame, muérdeme. Muerde mi boca gigante. Y dan ganas, por supuesto, pero también es una contradicción, nos pone en entredicho. ¿Puede estar bien que a una mujer, que en algún momento fue el símbolo de la violencia de pareja, de la cual todo el mundo supo lo golpeada y maltratada que fue, nos den ganas de morderla, de comérsela a mascadas salvajes y violentas?

 

Son muchas cosas, muchas sensaciones y dudas para un video de pop. Un video bonito, sexi, que debería calentar la sopa y dar ganas de seguir viéndolo y escuchándolo. Pero nada más.

 

Pero por un microsegundo, hombre lobo, se puede entender a Chris Brown. Una mascada, una palmada, un agarrón. Un golpecito. ¿Un escupito, un coscacho? No, no. No. Termina ese microsegundo, se acaba el lobo, y nadie debería ni podría ser capaz de hacerle algún daño, nada que pudiera siquiera alterar a tan preciosa criatura, con suerte mirarla a los ojos. Aunque, digámoslo: por qué no una mordida, chiquitita, en la guata, un poquito, sin maldad.

 

 

  • Eliza Ench

    La amo mucho….pero no es posible que mi rihanna aya permitido tal agresión de chris ese estúpido, rihanna debió valorarse mas cualquiera lo aria siendo ella. <3 la amo…

  • Fran Fariña

    Seca, la amo con todo mi corazón.

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