agosto 27, 2014

Artículo parte de las sección: Latam

Raíz

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Hay películas que están hechas para verlas en el cine. Guardianes de la galaxia (2014, James Gunn), por ejemplo, no cabe dentro de esta categoría. ¿Por qué?, pensarán algunos. Por el simple hecho de que puedes verla en tu casa sin perderte de mucho; solo basta con que tengas una buena pantalla para recuperar la espectacularidad de los efectos especiales. No, no me parece que el tema pase por mostrar en formato full HD –o el que sea– y de la forma más grande posible luces brillantes o explosiones espectaculares. Decir que vale la pena ir al cine por esto me perece un criterio muy sencillo y superficial.

 

Las películas que vale la pena ver en el cine son aquellas que explotan ese componente ambiental que solo puede lograr una sala oscura y silenciosa. En forma extraña y fascinante, estas pelis logran transformar el ambiente de la sala en un recurso narrativo. Es lo que muy personalmente creo que se conoce como “la experiencia de ir al cine”. Y más que una experiencia es una fuerza imposible de replicar. No importa lo plana y grande que sea tu pantalla. En la sala estás tú, los personajes y nadie más; la oscuridad, el sonido, todo dispuesto a darte la oportunidad de encontrar algo más que bonitos destellos y finales felices predecibles; estás, por ejemplo, tú frente a frente con la reflexión que no quieres ver ni escuchar.

 

Raíz (2013) es una película que vale la pena ir a ver al cine por esta razón y por muchas otras. La ópera prima de Matías Rojas (ganadora del Festival de Valdivia de ese año) es una narración sencilla, sensible e íntima acerca de personajes jóvenes que buscan echar raíz pero que no pueden. O a lo mejor sí pueden, pero les cuesta.

 

Amalia (Mercedes Mujica) es una joven de 26 años que regresa a Puerto Varas para asistir al funeral de su nana. En ese intertanto, la joven emprende un viaje junto a Cristóbal (Cristóbal Ruiz), hijo de la nana fallecida, para encontrar al padre del muchacho.

 

Esta peli, que podíamos catalogar de road movie, va creciendo gracias al comedido desarrollo de cada uno de los personajes. Rojas construye personajes poderosos pero a la vez frágiles –humanos, al fin y al cabo– que se relacionan y reaccionan con el ambiente de forma distinta, lo que termina por potenciar el contraste de sus historias y perfiles.

 

Tanto Amalia como Cristóbal encuentran en los bosques de la provincia de Llanquihue un lugar para la reflexión, como si se tratara de una de las más absorbentes salas de cine. Por entre los bosques de Puerto Varas se esconden los fantasmas del pasado de Amalia. Fantasmas violentos que la amarran a una época de su vida que, si bien ha pasado hace mucho tiempo, causan temor y paralizan a la muchacha. En una parte, cuando Amalia por fin logra encontrar a Cristóbal luego de buscarlo en el bosque, la muchacha le dice: “Imagínate si te pierdes”. Por su parte, Cristóbal se relaciona de una forma mucho más positiva con la geografía, pero con algunos matices de melancolía. Para el joven, los verdes parajes del sur representan la chance de encontrar a su padre –una promesa esperanzadora por donde se la mira–, pero al mismo tiempo reafirman su ausencia.

 

Uno de los mayores logros de la película es que Rojas sabe capturar el discreto lenguaje de la naturaleza y, más encima, hacerlo dialogar con sus personajes. Siguiendo con la idea de las salas de cine, el director construye un ambiente en donde resuenan con potencia las inquietudes de sus personajes, cosa que los fuerza a concentrarse en sus problemas. Y aunque si bien hay escenas en donde se les ofrece un descanso, podemos sentir que conservan esa fuerza solapada, como si se tratara de un río cuya superficie es tranquila pero cuya profundidad es caudalosa. Por otro lado, Rojas también logra realizar con éxito el mismo ejercicio con sus actores. Los primeros planos abundan en Raíz y constituyen las mejores escenas de la peli. Obviamente, esto no es solo un triunfo del director sino también de sus actores.

 

“Llanquihue significa lugar sumergido”, dice Cristóbal en una escena. En Raíz hay muchos “llanquihues”.

 

Vi la peli solo… miento, había alguien más en el cine, pero a fin de cuentas fue lo mismo gracias a la oscuridad de la sala… y gracias a la fuerza de Raíz. Esto me despierta sentimientos encontrados: ver Raíz solo sin duda fue una buena experiencia que me hace recuperar las ganas de ir al cine, sin embargo –y aquí viene lo negativo– me habría gustado presenciar Raíz con más gente en la sala porque esta peli lo merece. De verdad. Rojas maneja muy bien cada elemento de su película, y no solo en el sentido de que ayuda a potenciar su historia; sino que porque, además, abre el espacio para que dialoguemos con la nuestra.

 

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