febrero 27, 2013

Artículo parte de las sección: Latam

¿Por qué ver a Glauber Rocha después del fin del mundo?

Escrito por

Etiquetas: , ,

 

Estoy seguro que luego del apocalipsis quedaron muchas cosas por hacer, más aun cuando éste nunca sucedió y la lista de pendientes ofrece una interesante oportunidad para mirar hacia atrás, reconociendo con cierta tristeza, todo aquello que se hubiera perdido en el juicio final. Ahora, días posteriores a la incertidumbre, quise hacer una retrospectiva del cine que lamentaría haber visto destrozado por meteoritos y explosiones solares, y entre los autores que más me sorprendió enumerar fue a Glauber Rocha, un gran genio brasilero y posiblemente uno de los mejores exponentes para la historia del cine latinoamericano, por el cual meses antes no habría dado ni una sola voz de aliento en la carrera hacia la salvación. Muy atrevida puede ser la ignorancia a veces. ¿No les parece?

 

Glauber Rocha, director, guionista, actor y periodista, nacido en los años 30 en una pequeña población llamada Vitória da Conquista al sur de Brasil, fue uno de los primeros cineastas que logró voltear la mirada del mundo hacia América Latina, cuando resultó seleccionado para una Palma de Oro en 1964 y tres años después, ganó el premio a Mejor Director en los Cannes con el fin de su trilogía sobre Antonio Das Mortes. Sin embargo, pese a su indispensable lugar en la historia cinematográfica, para muchas de las nuevas generaciones es apenas un hombre con un nombre difícil de recordar, y definitivamente tampoco sería alguien a quien dedicar un sábado en la noche, menos aun cuando encontrar parte de su obra en internet es casi una hazaña pos apocalíptica. Entonces, ¿Por qué hablar de él ahora? La respuesta está en re-descubrir dos de sus películas que podrían situarlo, fuera de su obvio vanguardismo kitsh-pop-neurótico-anarquista, como uno de los pioneros en usar el cine a color para demostrar la fuerza de la contracultura; sobreviviendo así a un cambio de era, un nuevo ciclo, un fin del mundo y el comienzo de otro.

 

Cuando me dediqué aquel sábado 22 de diciembre a ver Dios y el diablo en la Tierra del sol, en el fondo buscaba algo para reafirmar el no haberle dado mucho crédito a las profecías del día anterior, y otra vez, un poco ingenuo, terminé anhelando que la tierra nunca dejase de girar. La razón se escondía en haber percibido dentro de un filme a blanco y negro, una gama increíble de colores que narraban la árida llanura del Sertão, las doradas espuelas de los bandoleros y los azulados cielos quemando a los feligreses de la película. Esto me llevó de forma inevitable a recordar grandes directores como Bergman, Truffaut y Fellini, quienes también antes de la aparición del Tecnicolor, sabían exactamente cómo pintar en la cabeza de sus espectadores la “realidad” que estaban viendo. Luego, al igual que Rocha, éstos directores realizaron varias películas a color y la solución no fue aquella triste competencia de Hollywood contra la televisión, sino toda una revolución donde la tonalidad iba más allá de dejar el pasado atrás, y acabaron por darle un significado cromático al futuro.

 

Después de tan grata y un poco anticuada experiencia, vi la segunda película de esta recomendación: O Dragão da Maldade contra o Santo Guerreiro o conocida también como Antonio Das Mortes, y sentí esa gratitud con los Mayas al sugerir la renovación del universo. Mientras la primera obra a blanco y negro era un drama de altos contrastes, con muchos cuestionamientos sociales y fuertes pensamientos existenciales, ésta película resultó siendo una muestra de lo que el mismo director llamaría la “Estética del Sueño”, o en palabras que ningún buen teórico del cine apoyaría, un lapsus donde el color no buscaba dar la sensación de veracidad, sino tal vez, metaforizaba en imágenes algo imposible entender a simple vista, como sucede en los sueños. Dentro de ella, el frío mercenario de la saga anterior ahora usaba una pañoleta color rosa y su nuevo enemigo, un Canganceiro idealista, daba la impresión de ser un personaje Western arrojado con impecable ironía a una trama surrealista, teniendo como principales protagonistas a las clases bajas oprimidas, a una rubia que no tenía mucho que envidiar a la hermosa Brigitte Bardot, y a un halo esotérico-religioso, que se mezclaba con cierta acidez entre el folclore brasilero y las matanzas de campesinos.

 

Ahora bien ¿Por qué ver estas dos obras cuándo eventos y premios como los Óscar, la Berlinale, o los Spirit Awards, sugieren una amplia lista de películas por descubrir este año entre las cuales se encuentran autores de la talla de Burton, Haneke o Todd Solondz? ¡Fácil! Porque pese al brillo de la novedad, dar un vistazo al pasado nos recuerda de dónde proviene la luz, y en épocas como estas, en las que un nuevo año le da una bofetada a los predicadores del cataclismo global, es bueno darse cuenta cómo personajes de la estirpe de Rocha aprendieron a mirar por encima del cambio universal, en este caso del cine; aprovechando con tal visión sus posibilidades que maestros como Martin Scorsese, siguen usando su legado. Además de ello existe una razón muy especial para no olvidar a esta casta de cineastas, y es que con el paso del tiempo van corroborando la inmortalidad de su trabajo, haciendo realmente importante la idea de prevalecer en el arte cinematográfico, más allá de las dos horas de proyección en una sala de cine. Si no fuera así, les dejo una última reflexión de despedida: ¿Para qué sobrevivir al fin del mundo, sin tener una historia que valga la pena contar después?

 

  • X-kis

    Glauber Cocha se parece un poco al Rafael Gumucio (época Plan Z)…..que miedo.

ARTÍCULOS RELACIONADOS