junio 4, 2013

Artículo parte de las sección: Latam

FIACID 2013: Mejor no fumes

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Las cápsulas y los caminos

 

Mejor no fumes (Chile, 2011), opera prima de Daniel Peralta –que también exhibe en el FIACID su segunda obra, Fiesta falsa–, marca la trayectoria de un luto amoroso, no por defunción pero sí por un amargo desencuentro, que efectivamente lleva al protagonista, Pablo, a un funeral interno, un salto al vacío que procesará poco a poco.

 

La clave de la puesta en escena es el aislamiento visual y sonoro de Pablo respecto de su entorno, y el lento movimiento anímico y físico que emprende para volver a conectarse. El actor Tomás Verdejo luce ensimismado en la mayor parte del metraje, y por obra del director de fotografía René Durán, suele aparecer nítido al fondo del encuadre desde el desenfoque en primer plano de los extremos de la pantalla, como una suerte de pórtico brumoso de una vida joven en paréntesis.

 

Solitario y abstraído, Pablo habla poco en buena parte del relato. Entonces, gracias al sonido directo de Jessica Bruna, ganan presencia los ruidos que le rodean, cercanos o lejanos, al interior de la escena o en off. El chirrido que acompaña a los créditos iniciales y que luego descubrimos proviene de un electrodoméstico de la estrecha cocina que lo oprime; los ruidos del tránsito vehicular; el televisor que ve somnoliento en la medianoche, el murmullo de voces anónimas e invisibles, el sonido ambiental en general.

 

Pablo está permanentemente con audífonos, escuchando “música triste”, o sea que a menudo no escucha ese contexto sonoro que nosotros apreciamos. Y cuando conversa, generalmente en interiores, es para discutir con la mujer de la que se separa o el amigo de quien no disfruta ya su compañía, lanzando gritos, reproches y frases punzantes, siempre explosivo con el humo del cigarro, achicando y cortando más el espacio. Completa el universo acústico una serie de melancólicas melodías compuestas por el muy joven músico Diego Peralta, hermano del realizador, que interpreta el sentir del personaje que trata que sobrellevar la situación.

 

De pronto, del modo más insospechado, Pablo conoce en la calle a Alma (Valentina Zamorano), una chica de semblante simpático, conversación amena y entradora, y personalidad menos áspera, que luego reaparece y da la impresión de que está ayudando a encauzar las emociones de su nuevo amigo y quizás algo más que eso luego. De esta manera, Daniel Peralta, quien además asumió las labores de producción, guión, edición y post producción, consigue matizar el registro dramático y redondear una prometedora primera entrega.

 

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