abril 14, 2013

Artículo parte de las sección: Circuito, Latam

BAFICI 2013: El loro y el cisne

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Drigida por Alejo Moguillansky.
2013
Competencia oficial argentina

 

El arte de narrar

 

El relato es una de las formas más pregnante de la historia de cualquier civilización. De esto no hay dudas. Sin embargo, desde hace algo así como un siglo atrás se comenzó a hablar de la caída de los grandes relatos y, un poco después, hasta los pequeños relatos entraron en desuso. Pero todo esto ahora ya es también historia antigua. Se puede percibir hoy un nuevo espaldarazo a los relatos. Para comprobarlo solo basta con dar un rápido vistazo a la enorme producción actual de series televisivas y al cine más comercial. El relato no muere y, de hecho, parece estar reverdeciendo, insuflado de nueva energía.

 

El director argentino, Alejo Moguillansky, integrante de la troupe de El Pampero Cine (liderada por el hábil narrador Mariano Llinás), quien, con Castro, había ganado la Competencia Argentina en el Bafici 2009, parece querer evidenciar en su nueva película distintas formas del relato. El loro y el cisne, enmarcada en el clásico cine-dentro-del-cine, cuenta la historia de Loro, un joven sonidista, quien está siendo empleado, junto con un director argentino, por un productor yankee para filmar una serie de documentales sobre danza, mientras que, al mismo tiempo, su novia decide abandonar el departamento que comparten sin que él tenga mucho qué decir al respecto.

 

La película va barajando, siempre con humor, distintos relatos, que se mezclan, se superponen, se resignifican. Por un lado, está la historia del rompimiento de Loro –quizás un personaje excesivamente torpe e ingenuo– con Valeria, su enojada novia, y el posterior acercamiento (que luego se transformará en amor) a Luciana, el cisne del título, una bailarina del Grupo Krapp (un verdadero grupo de danza-teatro). Por otra parte, Moguillansky presenta de forma paralela la cocina de la filmación de un documental sobre danza y los ensayos tanto del Grupo Krapp como los de un ballet folklórico y de un ballet clásico.

 

Entonces, ficción y realidad se confunden todo el tiempo y los relatos se multiplican hasta fundirse unos con otros: el director del ballet clásico le cuenta al director del documental el argumento de El lago de los cisnes; las imágenes de los ensayos de las distintas compañías de ballet narran a través de la danza; las cartas que se muestran y se leen hablan de historias mínimas; el productor americano con su cuestionamiento de gastos y su necesidad de eficacia trasluce un modo de producción de relatos; la utilización del sonido dentro de la ficción por el sonidista Loro (Rodrigo Sánchez Mariño) y por el sonidista de El loro y el cisne –¡oh, casualidad!, Rodrigo Sánchez Mariño–, así cómo también la utilización de viejos recursos técnicos de transición entre planos, como es el fundido en iris, relatan varias formas de hacer cine y dan cuenta en la pantalla de la manera de hacerlo.

 

¿Qué es ficción? ¿Qué es realidad? ¿La ficción con una pata en la realidad es la manera de filmar hoy, después del cuestionamiento sufrido por la ficción cinematográfica y la forma de su relato hace ya unas cuantas décadas atrás? El estilo narrativo clásico (por ejemplo, los distintos trucos de fundido entre planos) y el estilo rupturista alla Godard (la utilización no convencional del sonido y su puesta en evidencia) no son manifestados en el relato con intención pedagógica o por pura pedantería. Son el reconocimiento de que el cine tiene historia y que hay que conocerla para poder intentar nuevas formas de narrar.

 

Moguillansky sabe que el relato no muere, que es necesario y hasta imprescindible. Si muestra el artificio, la construcción de esa ficción, no es para liquidarla (un acto que a esta altura resultaría totalmente anacrónico), sino para reverenciarla. Sabe también que narrar es un arte y que existen multiplicidad historias que contar, extraordinarias o de las otras. Por eso, Moguillansky y El loro y el cisne narran desde el baile, desde los sonidos, desde las imágenes. Pues todo es excusa para un buen relato.

 

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