Valdivia 2012: Hiroshima

Escrito por 11 octubre 2012

Escribir sobre Valdivia mirando Santiago es muy distinto. Ya me parece que fueran muchos días o semanas, cuando recién regresamos ayer de mañana.
Me hablaban del vacío post festival. Hoy vuelvo a mi rutina extraña.

Extraña es la vida de Juan. Hermano de Pablo Stoll, nuestro favorito del 19 FICV. Juan actúa de Juan, es decir, no actúa. Él es, naturalmente particular y ésta película también.

Hiroshima es una película paradójicamente muda. Intertítulos intervienen la vida Juan, con las pocas palabras que intervienen su vida. Un perro dice “¡Arf arf!.

La película comienza con un plano secuencia, increíble. Algo tiene de Gus Van Sant. Y la mejor banda sonora de todo lo que escuché en el festival. Toda la música que escuchamos es toda la música que escucha Juan. Las pocas palabras (y escritas) hacen del sonido el recurso narrativo más importante para contar esta historia. O esta no-historia. Todo lo que va pasando se construye a través del sonido. Cada espacio transitado por Juan, lo habitamos escuchando su respiración, los pajaritos, la panadería, el papelillo de su tabaco armado. Paisaje sonoro.

Tendría muchas escenas favoritas. Pero algunas tienen más fuerza que otras.

Hablo de Juan y su padre. Cámara lenta. Un enfrentamiento casi brutal. Algunos rostros son imposibles de descifrar, éstos lo fueron.

Creo que Hiroshima es la joyita más preciada que me guardo de este festival. Mi primera vez en Valdivia. La preferencia es especial. Defiendo el cine pequeño, defiendo el cine familiar. También habría hecho una película de mi hermano, pero después de esto no sería nada original.

Si 25 Watts eran veinticuatro horas de la vida de tres jóvenes, Hiroshima son veinticuatro horas de la vida de Juan. Hablamos de Pablo Stoll, que algo esconden todas sus películas de si mismo. Incluso algo esconde Juan.

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