Valdivia 2012: Donde vuelan los cóndores
Nuevamente: cine dentro del cine.Lenguaje metaliguistico, como una cajita a dentro de otra, y de otra. Hablamos de pura realización cinematográfica.
Donde vuelan los cóndores es un documental sobre la realización de otro, ¡Vivan las antípodas!, de Victor Kossakovsky, reconocido director documentalista ruso, que abrió el Festival de Mar del Plata 2011. Afortunadamente tuve la oportunidad de verla también, y de escribir sobre ella. De no haber sido así, probablemente mi percepción de este nuevo documental sería muy distinta.
En realidad, lo que hace Carlos Klein, más allá de documentar la realización de otro trabajo, es un retrato lo más transparente posible de su director. En este sentido, me parece que la película se logra a la perfección.
Dos directores, dos películas. No olvidar.
Documental reflexivo. La palabra es de su director, para luego ceder sus imágenes a otro. La película comienza con un video casero de Klein tomando una cámara por primera vez. Su voz nos explica cómo llegó a realizar lo que estamos viendo. Kossakovsky le dice que a nadie le va a interesar, pero Klein demuestra lo contrario. Y al final de la función nos cuenta que al director ruso le encantó. Que Victor se amó a sí mismo.
En Mar del Plata, recuerdo estar en una entrevista de Kossakovsky con unos estudiantes de la Universidad de Buenos Aires. En persona es muy parecido a como se muestra en esta película. Algo de lo que aprendí, mirando este documental, es que el cine, por más documental que sea, jamás dejará de ser una construcción. Recortar, encuadrar, tomar decisiones, es cortar lo que uno quiere mostrar de un pedazo de vida, y nunca será un reflejo puro de la realidad. Y lo importante, creo, es definir que eso, claramente, no es lo importante. Realidad es una palabra poco atractiva, incluso poco verosímil.
En la entrevista, con el poco inglés que manejo, me atreví a preguntarle torpemente a Kossakovsky si uno de los diálogos que se mostraba en la película estaba previamente escrito. Si había sido al menos conversado o mínimamente planeado. Me miró con cara de niña estúpida, y me dijo que era una pregunta innecesaria. Que lo real no se planea. No tuve nada que decirle, porque todo lo que habló fue de viejo sabio, y sigo pensando que lo es. Pero todavía dudo de su respuesta.
Me reí mucho durante la proyección del documental, me pareció Kossakovsky un personaje excepcional. Y un muy buen director. ¡Vivan las antípodas! me pareció increíble, de una belleza inigualable. “Quiero que la gente sea feliz mientras mira esta película”. Puedo decir, un poco avergonzada quizá, que mientras la vi fui feliz y agradezco al director de Donde vuelan los cóndores que, casi un año después, me haya permitido saber cómo hicieron para hacerme feliz en ese momento. Qué cursi.
Sin embargo, no olvidemos que esta película es de Carlos Klein, y por ende el mérito es de él, únicamente. A pesar de que se utilicen imágenes del otro documental, me parece que si hay una diferencia que el mismo quiso marcar, que es válida y altamente rescatable. Porque hacer una película de otra película, no significa que estas deban ser estéticamente parecidas. Klein, a cuestas de querer hacer lo que se propuso, se salió con la suya, y bien merecido lo tiene.



1 comentario
Gran película, felicitaciones al Director y a su equipo.