Sebbe: Dura adolescencia en Suecia.

Escrito por 14 octubre 2012

La escena abre en lo que parece ser un café. Un chico está sentado con la cabeza gacha. Frente a él una mujer. ¿Su madre?. El chico llora en silencio. La mujer lo acompaña en el sufrimiento. Ninguno habla. Él se llama Sebastián. Ella Eva.

Este es el inicio de un pequeño film sueco titulado Sebbe. Dirigido por el director de origen iraní, Babak Najafi, esta es su primera incursión en el largometraje. Con guión de su propia autoría, esta es la historia de un adolescente, Sebbe (Sebastian) y su vida en la escuela pública a la que asiste, en su casa donde el padre no existe y una madre, que se esfuerza por llevar dinero a casa, es muchas veces una figura impersonal, alejada, gruñona, desconectada. Nada en la vida de Sebbe está bien. Víctima de un severo bullying en la escuela (uno de los chicos que lo somete a vejaciones de todo tipo vive en los mismos desangelados complejos de departamentos en los que vive el chico) Sebbe se encierra en sí mismo y pasa noches enteras dedicado a lo único que le gusta, lo calma y lo hace sentir seguro. Es innato en la electrónica y mecánica. En sus tardes de soledad, se escapa a sitios baldíos, basureros ilegales, donde encuentra CPUs antiguos, televisores rotos y hasta una motosierra que no funciona. Materia prima para crear, arreglar y desconectarse. Sin amigos, sin familia, sin una vía de escape del lugar en el que vive, ni de la escuela y ni de las golpizas, dueño sólo de un presente negro y un futuro incierto, es poco lo que puede hacer para calmar el dolor y la frustración que le va llenando su interior y pudriendo el alma.

Babak Najafi construye su relato siguiendo de manera casi obsesiva a su personaje principal. Con una cámara que recuerda a ratos a la de los hermanos Dardenne, Najafi la hace propia y le otorga personalidad y una mirada distinta en la indagación que va realizando sobre Sebbe. A ratos nos hace preguntarnos hacia dónde va el relato. Cuál es el final que el adolescente tendrá. Queremos que se rebele, que haya justicia, que haya luz, que exista un momento en que podamos, como espectadores interesados, pensar que las cosas pueden variar, mejorar. Alejarse de la miseria de la existencia, del sufrimiento de la puta adolescencia, del atroz colegio, del endemoniado conjunto habitacional, del dolor constante, de la soledad brutal y que nos hiere y moldea a su antojo.

No cabe duda que Najafi sabe de lo que habla. El relato se siente cercano y las escenas de horror (como las de bullying) así como los momentos en los que dan ganas de mirar para cualquier lado excepto hacia la pantalla, como aquella en la que el chico es obligado por parte de su madre, a devolver el regalo que una vecina de buen corazón le ha dado por motivo de su cumpleaños, rompen el alma y sentimos que destruyen pedazo a pedazo, el interior del chico. Y de nosotros.

Sebbe es un film pequeño que cuenta una gran historia. Puede no ser perfecto y quizás existen lugares comunes – a pesar de que evita clichés en los que fácilmente (¡y muchos!) podrían haber caído rendidos en ellos – pero eso no impide que sea una historia que cala profundo, que golpea el corazón, que hace pensar, retraernos, analizar y conectar. Es un film pequeño, pero es gran cine.

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