Me gusta mirar por la ventana
Me gusta mirar por la ventana. Mi ventana da a la calle, de lejos, pero también a otras ventanas, que es lo que más me gusta mirar. Cuando pasaba más tiempo en mi casa, un departamento en el centro, le dedicaba un buen rato a asomarme y ver qué es lo que hacía el resto de las personas, a través de sus propias ventanas, en un intento por comprobar si la vida de los demás se parecía tanto a la mía.
Después de un tiempo sin asomarme, caí con la gripe y me vi desocupado en la mitad del día, con todas las ventanas frente a la mía para mirar. En el piso de abajo vive una abuela, y desde mi pieza veo su cocina y el comedor. Por las tardes juega dominó, muy lentamente, y la he visto olvidarse ya dos veces del pan en el tostador. Al lado de ella vive un hombre, en un departamento para una persona. Su trabajo le debe dar plata, pero no mucho más: todos los días llega a encender una inmensa pantalla plana que cuelga de la pared, amplificada por un home theater, desde donde deja corriendo el resumen deportivo de la jornada. La pantalla alumbra la pared hasta tarde en la noche, todos los días, sin falta.
Pero la que más me intriga es la persona de arriba. La escucho llegar y salir, oigo sus pasos imprecisos en la noche y decididos por la mañana, pero nunca la he visto. Cuando estoy acostado para dormir la escucho circular: siento la cadena del water, puertas que se abren y se cierran. Y temprano a las 7, cuando todavía no me alcanzo a despertar, ya está moviéndose, empezando el día. Todas sus ventanas tienen persianas, y siempre están cerradas. La de su pieza queda abierta para que se ventile, pero no hay ángulo posible que me deje ver algo, alguna pista, una pequeña señal.
¿Será hombre o mujer? ¿En qué trabajará? ¿Será un cocainómano que necesita sólo de cinco horas diarias para dormir? Me consternan sus pasos, tan firmes y fuertes, que me caen pesados desde arriba, cada uno intrigándome más que el anterior.
Por alguna razón, sapear está muy mal visto. A las viejas sapas siempre las putean, y a cualquiera que esté mirando algo que se supone no le incumbe le llega una reprimenda. Es raro. En un mundo cada vez más público, donde todos nuestros datos y fotos y acciones están peligrosamente al alcance de cualquiera, aún guardamos celo de la privacidad más simple e inofensiva: la que se escapa siempre por las ventanas. Que no nos vean, que no nos vayan a ver, cuando la verdad es que nuestras vidas ya no pueden ser más parecidas.
Me encantaría poder encontrarme, en mis placenteros momentos de mirón de ventana, con algo distinto, algo que realmente no tendría que estar viendo. Conocer un secreto o que se me revele alguna verdad escondida de cualquiera de mis vecinos que no conozco. Ser como James Stewart en La ventana indiscreta, esa maravillosa demostración técnica de Alfred Hitchcock: un fotógrafo de guerra accidentado que, de aburrido, sapea todas las ventanas de su edificio. Y de tanto mirar a sus vecinos, se encuentra con lo que estaba buscando: algo raro, algo inusual, y las sospechas de que el tipo de enfrente mató a su esposa.
Nunca una película me vino mejor en ningún momento. Encerrado entre mis sábanas cada vez más hediondas, caer enfermo se transformó en la mejor excusa para retomar mi pasatiempo. Y esta obra maestra, que nunca sale del pequeño departamento del protagonista, que sólo nos muestra lo que él ve desde su ventana, y que es tanto un thriller como una historia de amor, funcionó como la más precisa inspiración.
Me gusta mirar por la ventana, y ver las vidas normales de tantas personas tan distintas, aunque también tan iguales a la mía y a las de todos. Espero encontrarme, una de estas largas tardes, con mi momento de indiscreción, con el crimen que deba resolver, con el secreto que tenga que guardar, o sino con la convicción de que no hay mayor espejo que la propia ventana.



1 comentario
Ja ja, me hiciste acordar los traseros que vi desde mi departamento!!!: uno de un viejo flaquísimo que salía en cueros a poner diarios al balcón (sí, que raro) y un joven que nunca vi excepto un domingo en la mañana en que brincó desde la puerta del dormitorio sobre la cama y se metió rápidamente bajo el cobertor tan blanco como su cuerpo! Sigue esperando!!!!