Los exitosos fracasos de Charlie Kaufman
A Charlie Kaufman (1958, Nueva York) casi siempre le fue mal en la vida. Su rutina se basó, principalmente, en pasar desapercibido y en tener empleos basura al norte de Estados Unidos. No se graduó con honores en el colegio, de la universidad salió sin trabajo y su juventud la vivió resignado en Minnesota, contratado en la sección administrativa de un diario.
“Me llegaban llamadas perdidas del diario a las 5 de la mañana. Era un trabajo duro, especialmente en el invierno. Me levantaba a las 4 para tomar la micro al centro, hacía un frío terrible y todos los pasajeros se veían muy tristes. También trabajé en el instituto de arte. Yo era la persona que decía por los altoparlantes: ‘El museo cerrará en quince minutos’”, dijo una vez Kaufman, en una de las pocas entrevistas que ha dado.
A toda esta monotonía se le agrega otro ingrediente: el de la frustración artística. Kaufman siempre fue un sistemático e impulsivo guionista, desde sus años en el colegio. Participó en el taller de teatro, protagonizando varias obras y adaptando otras. Luego, en la escuela de cine de la New York University, escribió una multitud de libretos que nunca fueron producidos. Uno de ellos, llamado Purely Coincidental (Pura Coincidencia), y que para él era su obra maestra, trató de romper los círculos neoyorquinos. “Me acuerdo que se lo mandamos (junto a Paul Proch, co-autor) a lo que nosotros pensábamos que era la casa de Steven Spielberg”, dijo, en esa inusual entrevista. “Normalmente nos devolvían las cosas que nos llegaban, pero esta vez no supimos más del guión. Se supone que uno no puede enviar manuscritos que no hayan sido solicitados, pero nosotros siempre estuvimos en contra de eso”.
Así fue como llegó a Minneapolis, Minnesota, a vivir la típica vida americana: casado, empleo rutinario y una vocación que no tuvo éxito. Casi diez años estuvo Kaufman viviendo como uno más en este mundo de desilusiones, hasta que se decidió por un último esfuerzo. Se puso a escribir libretos para shows televisivos, como Casado con Hijos, que nunca salieron al aire. Trató de conseguirse un agente para tener más oportunidades, pero nadie le tenía fe. Se fue a Los Ángeles, sin trabajo y con menos expectativas. Llegó en plena época de contrataciones, al término de las temporadas, y no obtuvo ni siquiera una entrevista. Pero cuando estaba volviendo a su ciudad en su pequeño Volkswagen sin aire acondicionado, un llamado lo llevó de vuelta a LA: lo necesitaban para una sitcom, aunque sólo duró dos temporadas.
Así se la pasó toda la década de los noventa, escribiendo en series sin éxito que a él no le gustaban. Muchas veces inventó sus propios programas, desarrollando temporadas completas, pero nunca se las aprobaron. Todas, a pesar de ser comedias, eran conflictivas y extremadamente realistas. Una trataba de una pareja en algo así como un estado de paralización, donde permanecían juntos pero sin ninguna razón. Definida por el mismo Kaufman como “anti-romántica”, fue desechada por HBO. Entendible, porque lo que reinaba en esos años era Friends y en ese escenario comercial la dura realidad no cabe en ninguna parte.
En ese retorno a la inercia, esta vez adentro de la industria del entretenimiento, Kaufman se puso a escribir un guión que, básicamente, era sobre “un hombre que se enamora de alguien que no es su esposa”. Una idea simple y quizá repetida, pero a la que Charlie le inyectó todo los caprichos que la televisión no le había permitido: oscuridad, surrealismo y muchas rarezas, como que el héroe de la historia fuera un titiritero que trabaja en el piso 7 1/2 de un edificio en Manhattan, o que el título de la película incluyera el nombre de un actor real. ¿Quieres ser John Malkovich? nació sólo como un ejercicio de descarga y sin la intención de que fuera a ser filmada alguna vez. “La escribí sólo para tener algo que hacer. Nunca pensé que a alguien se le ocurriría hacerla. Pero John Malkovich la leyó y le gustó y eso ya era más de lo que yo pedía”, dijo Charlie.
Estrenada en 1999, y actuada por celebridades como Cameron Diaz y John Cusack, ¿Quieres ser John Malkovich? fue nominada a tres premios Oscar, incluido el de Mejor Guión Original. Desde ahí, la vida de Kaufman sólo acumula éxitos: otra nominación por El Ladrón de Orquídeas, una estatuilla por Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos, y una incursión como director en Sinécdoque, Nueva York, que ya le valió una participación en Cannes. Gracias a sus libretos, también, directores de videoclip como Spike Jonze y Michel Gondry se hicieron mundialmente conocidos.
Parece poco probable, pero ojalá nadie nunca le apruebe una serie de televisión a Charlie Kaufman. Sus fracasos en la tele provocaron la creación de enormes obras maestras, así otros tropiezos en la pantalla chica nos garantizarían grandes guiones y buenas películas para rato.




3 comentarios
Muy interesante la nota. Los dejo con un artículo acerca de Kaufman (y otros espíritus afines) que publiqué hace unos años en The Barcelona Review: http://goo.gl/1v6W2 ¡Saludos desde Lima, Perú!
Un maestro
Sin duda uno de los mejores guionistas de Hollywood, sus películas no tienen desperdicio.