Lola Versus: los 30 son los nuevos 15

Escrito por 8 septiembre 2012

Un comercial de banco, que por estos días circula en la televisión, dice: “los 50 son los nuevos 30”, y me aterra pensar que pronto viviremos en una sociedad sin viejos. Y debería ser todo lo contrario, porque cada vez estamos viviendo más, estirando sin motivo alguno nuestra estancia en el planeta.

Qué egoísmo más grande, pienso. Esta incapacidad que tenemos de soportar la idea de dejar de estar aquí algún día, de que este mundo deje de pertenecernos. Es raro, porque mientras por un lado buscamos vivir lo más posible, llegar hasta la máxima vejez conocida, por el otro evitamos que esa misma vejez se evidencie en nuestras vidas, se manifieste en el cuerpo, en las ideas y en los comportamientos.

Lo pienso cuando veo este aviso. ¿Qué quiere decir con que los 50 son los nuevos 30? ¿Que los 40 son en realidad los 20, y por lo tanto que los 30 serían los nuevos 15? O en otras palabras, que con tres décadas tendríamos que estar todavía viviendo como adolescentes, dependiendo de otros, equivocándonos irresponsables. Lo pienso con este aviso, que pasa fugaz entre tantos otros que sugieren lo mismo. Pero también lo pienso al ver una película como Lola Versus.

Lola tiene veintinueve, vive con su pololo, no trabaja y estudia un inservible posgrado en literatura. Su novio es artista y sin mucha explicación residen en un loft infinito en Nueva York. Lola va al gimnasio, hace yoga, come salmón comprado en almacén de barrio y en las fiestas toma vino. Algo así como el sueño de cualquier aspiracional: una vida cómoda, con estética rebelde, pero basada en el consumo responsable. Un paquete bien diseñado que dentro guarda un tremendo vacío.

Luego las cosas se le complican, su novio la deja y sus amigos la confunden. Esto es una comedia, que por muchos momentos consigue ser graciosa, pero no logra reírse de lo más importante: que como humanos occidentales, hijos de la democracia y economía liberales, estamos cada vez retrasando más nuestra madurez.

El ser humano es el mamífero con la infancia más prolongada, el que demora más tiempo en alcanzar la adultez. Eso en términos biológicos, físicos, pero mentalmente parecemos no conformarnos con los 18, ni los 21, ni menos los 25. Patear hacia delante las responsabilidades y dejarlas para después, eludir y escapar del momento, que antes llegaba de golpe y sin avisar, en que aceptamos lo que somos y nos hacemos cargo de nuestro destino.

Lo peor es que es difícil separarse de esta tendencia. Películas como esta, o avisos como el de ese banco, nos bombardean todo el tiempo y, como diría el Chapulín Colorado, “se aprovechan de mi nobleza”. La vejez, como la conocíamos, está completamente desterrada del inventario, nadie la quiere y las marcas no la necesitan. El antiguo viejo sabio y austero, que entregaba consejos y vivía con poco, es completamente inútil para un sistema que se alimenta del consumo ingenuo de los que buscan la permanente juventud.

Lola Versus, más que la última comedia indie femenina —e incluso más que una buena o mala película— es un retrato ingenuo pero real sobre ciertos síntomas, de cierta juventud y de cierta adultez. Jóvenes que no quieren ser adultos, adultos que no quieren ser viejos: un mundo desfasado del que me aterra sentirme parte.

3 comentarios

  • g - 8 septiembre, 2012

    “y estudia un inservible posgrado en literatura” mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm

  • Isa!! - 9 septiembre, 2012

    Yo la vi y no me gustó mucho, debe ser por lo que tú escribes. Tengo 29, era como ver un poco de la vida de muchos (me incluyo) a los 30. Se suponía que íbamos a ser grandes, tener la vida resuelta, nuestros papás a los 30 se veían tan adultos, al menos los míos. Estamos en un cambio heavy, y da susto. Lo del postgrado inservible se entiende sólo si ves la película, porque en verdad llega a ser ridículo.

  • Horacio - 10 septiembre, 2012

    Muy bien dicho. Es tan, tan, tan, tan cierto lo que dices.
    Ese mundo también me aterra. Incluso, ver como mi mujer le tiene tanto miedo a la vejez, que se pasa horas semanales buscándose canas en el pelo (a los 29) para arrancárselas.
    Eso sí, creo que eso mismo es lo que retrata Lola Versus. El patetismo, de tener 29 y no querer tener 29. De estar llegando a los 30 y creer que uno sigue teniendo 23, que uno puede comportarse igual y no hay consecuencias.
    Quizás, no viste que, al final, Lola está en problemas profundos (expresados en puras tonteras). Pero, de cierta forma, Lola tiene, por primera vez en su vida -al igual que todos los que la rodean- un problema real, de profundidad real: Está llegando a la edad en donde se supone debería “ser grande”, pero no es más que una niña perdida.
    Felicitaciones por el artículo… siempre es bueno leerte.

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