El maestro es Paul Thomas Anderson
Leyendo en internet me entero que The Master, la última película de Paul Thomas Anderson, fue lo mejor de la Mostra de Venecia. Como casi siempre en este mundo extraño, The Master no ganó: el León de Oro se lo llevó Kim Ki-duk, con un filme, Pietà, que generó más cuestionamientos que halagos.
Por supuesto, no he visto ninguna de las dos películas, y tampoco me excita mucho el comidillo sobre quién gana o quién pierde en las premiaciones. Sí me impresionó mucho lo que pude saber de lo nuevo de Anderson. The Master, escrita y producida y dirigida por él, con Philip Seymour Hoffman y Joaquin Phoenix, musicalizada por Jonny Greenwood, filmada —por primera vez desde 1996— en 65mm.
En El País de España, el periodista Toni García sufrió para encontrar palabras que le hicieran justicia a lo que acababa de ver. “Anderson es uno de los cineastas más poderosos con los que un cinéfilo puede toparse, su obra es tan ambiciosa, tan aguerrida, que intentar hablar en profundidad de The master sería casi una herejía”, escribió, después de la función en Venecia.
Yo tengo, a pesar de que cinco años no pasan en vano, el recuerdo todavía fresco de Petróleo Sangriento, su anterior trabajo. No son tantas las veces en que el cine me causa la consternación que me produjo esa película, una bellísima y aterradora historia sobre la mentira, la codicia y la humillación. Me acuerdo de empezar a verla, en mi casa, pensando que tres horas de desierto y petróleo a comienzos del siglo xx podrían ser intolerables, y luego darme cuenta que tres horas pueden, a la vez, ser muy poco tiempo para una película tan angustiante y maravillosa.
Tampoco olvido esa especie de incontinencia emocional que me vino al terminar de mirarla. No fueron lágrimas, tampoco una pena, sino algo más parecido a la rabia, una forma extraña y furiosade reivindicación hacia la mentira y los mentirosos. Después de verla, justo después, en la soledad de una noche de sábado en mi pieza, escribí lo que viene.
“Ellos solían decir que las mentiras eran malas, que funcionaban como tristes engaños que nos llenaban de culpabilidad. Pero yo digo, ahora: yo digo que las mentiras son el refugio de los buenos. Yo miento para descubrir quién soy, para asegurarme lo que no tengo, para no hacer sufrir a mi mamá. Mentir es ahorrarse explicaciones, y la explicación es el peor producto de la humanidad. Doy explicaciones cuando no tengo nada que decir, y las pido cuando sé que tengo la culpa. Buscar culpables es de inseguros y de idiotas. Los culpables viven con la culpa como un gusano que se come sus intestinos y les aprieta el vientre bien fuerte, de vez en cuando, sobre todo cuando alguien los mira. Los culpables no pueden mirar a los ojos —y eso es suficiente castigo. Los culpables sufren aunque nadie los culpe, eso lo sé porque he sido culpable: lo soy. Pero el que busca culpables normalmente es un incapaz, un limitado, alguien al que se lo come la angustia de no saber nunca lo que tiene que hacer. En cambio, el que sabe lo que tiene que hacer no busca culpables sino soluciones, y es porque tiene la mente limpia y la consciencia tranquila. No porque no haya mentido, sino porque cuando miente lo hace bien, y sus mentiras hacen felices a los demás —y por eso esconde sus verdades, que tan poco le importan a nadie”.
Motivado por esta ansiedad andersoniana —y que no se confunda con wesandersoniana— vi Boogie Nights, una película que me faltaba, y que fue la que hizo conocido a Paul Thomas. Es un cine distinto, con temáticas y técnicas que probablemente él no utilizaría de nuevo, pero que impone de partida sus estándares de complejidad y ambición. El auge y caída de los hombres parece ser su tema, y si en Boogie Nights fue a través del éxtasis de los setenta y la decadencia de los ochenta, con Petróleo Sangriento fue la fortuna de un emprendedor que se hunde en su codicia y sus mentiras.
No hay película que espere más que The Master. Veo su trailer todos los días, y sin entender absolutamente nada sobre su trama quedo embobado por las imágenes y la música, que sugieren algo inmenso, terrible y superior. Primeros planos a Seymour Hoffman que parecen pintados a mano, sonidos que hacen retumbar algo en mi sistema cardíaco, tomas que no me dicen nada pero es como si no los fuera a olvidar nunca.
Tiene toda la pinta, no parece haber ninguna duda: Anderson, el gran Paul Thomas, dictará cátedra con The Master.




4 comentarios
Y aun con la grandeza que prodiga el nuevo film de PTA, los distribuidores locales solo osarían con mostrarla alrededor de enero, cuando este sobrecargada de nominaciones a la academia
qué manera de derrocohar amor por una película. echo de menos esa actitud.
Buen artículo, pero me faltó una mención, al menos, a la gran Magnolia, que compite con Petróleo Sangriento por ser la mejor de su filmografía.. Habrá que ver The Master, parece estar a la altura.
No había cachado que había reseña de este peliculón.
Totalmente de acuerdo, Joaquin Phoenix me puso la piel de gallina. Sé que eso de las apuestas por los premios e incluso los premios en sí, no sirven de mucho, pero pucha que el premio al mejor actor es para Phoenix. Así que contra todo pronostico, luchando frente a las gringas Argo y Lincoln, VAMOS JOAQUIN!!