Beast

Escrito por 7 septiembre 2012

Dir: Christoffer Boe – Año: 2011

El cine por naturaleza es una metáfora sobre el tiempo, y es el tiempo mismo dentro de una película el que se convierte en historia. Esta podría ser una de las muchas reflexiones que me produce un filme como Reconstruction, del director Christoffer Boe; el cual, pese a verlo una sola vez hace ya ocho años, me sigue dando muchas vueltas en la cabeza. Quizá por ello, o por mi pretenciosa adicción de buscar realidades donde solo hay imágenes, fue que acabé persiguiendo a este director hasta uno de sus últimos estrenos, Beast del 2011; y al final, terminé viéndome contra el espejo, con esa gran cantidad de preguntas que produce el silencio, tras una cepillada de dientes a la mitad de la noche.

Beast, Beast, Beast. Creo que no podría dar una mejor sinopsis para esta historia. El protagonista es una bestia, su mujer es una bestia y ni hablar del amante, quien lleno de cobardía no deja de ser una bestia. Pero al referirme de esa manera no busco insultar a nadie; más bien pienso que los tres personajes ideados por Boe, son individuos normales convertidos poco a poco en instinto puro bajo la piel, creando así un thriller psicológico de increíble veracidad, aunque roce con delicadeza el difuso terreno de las alucinaciones.

Eran alrededor de las 10.00 pm cuando aproveché la quietud de mi casa para dejarme envolver por esta película. En el fondo sabía que no me enfrentaba a una comedia romántica, ni tampoco a un drama estadounidense de sospechosa autenticidad; sin embargo, fui poco cauteloso al encender la pantalla y querer hacer un análisis juicioso sobre la nueva generación danesa en el cine. En los primeros 5 minutos, el drama me había atrapado con sutileza y no me soltaría hasta muchos segundos después de finalizar la película. Durante el trayecto me vi expuesto a una experiencia que podría sucederle a mi vecino; me sentí celoso, ansioso, asustado y en definitiva, demasiado humano para mi gusto. El temor que pronosticaba su título, Beast, no era sobrenatural, era inconsciente, fuerte, angustiante y revelador, como cuando uno lee una novela de Kafka y sabe que la incisión directa al miedo no se hace sobre el cuerpo, si no en aquel lugar oscuro donde se esconde su razón de ser. La ira vivida por Bruno me penetró el estómago, la resequedad de Maxine floreció con desdicha en mis pensamientos, y la nieve que cubría el amor de Valdemar me sacó de quicio. Toda emoción era visual, índices recurrentes que llevaron el guión hasta darle un cierre inesperado, catártico, y violentamente irracional, tan característicos en la cinematografía del ganador de la Cámara de Oro en los Cannes del 2003.

El argumento de la obra es simple y voraz: Ten cuidado con tus emociones porque ellas no conocen de límites. Un hombre común descubre la traición de su esposa y su inconsciente lo va conduciendo a la bestia dentro de sí. Las etapas de la frustración suceden una tras otra, ocultas bajo diálogos que hablan sobre poseer, dominar, renacer y sufrir. La música a manera de verdugo emocional, enmarca las expresiones de dolor de sus protagonistas, y los flashforwards, aunque son casi los mismos en el transcurso de la película, cambian de sentido como sí el territorio de lo simbólico estuviera en constante resignificación. Estos son los ingredientes principales en la apuesta de Christoffer Boe, dentro de una obra que sin duda es fiel a su planteamiento expuesto para el Danish Film Institute: “Estoy fascinado con el sentido de una consciencia subyacente –un concepto– detrás de cada escena”. El resultado, su llave para abrir la oscuridad de la mente, había cerrado la puerta de mi objetividad. Al igual que el protagonista, me sentí enfermo por la desgracia de la infidelidad, por su carnívora frustración, y cuando al fin concluyeron sus créditos, tuve que ir al baño para lavar el sinsabor de la incertidumbre con la crema dental. Aunque me encantaría decir que recomiendo esta película (y sí la recomiendo), apenas puedo afirmar que solo es apta para solteros… porque en el caso contrario, es posible que alimente ideas muy peligrosas para la digestión en pareja.

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