Sanfic 2012: Esto no es California
Perdido en el Parque Arauco. No sé si es el mall más grande de Santiago, pero cada vez que voy descubro nuevos edificios y pasillos, más estacionamientos y otras escaleras. Lo que antes estaba acá ahora no sólo está más allá, sino que además mucho más grande y lujoso y limpio. Es como una masa viva en permanente crecimiento, un obeso mórbido que sube y sube de peso, sin control ni planificación. Y entre medio de kilómetros de estacionamientos, de cientos de tiendas, panaderías, bancos, una clínica, muchos cafés —y siempre esa música que adormece y que como un sedante me hace mirar y revisar el precio de artículos que no necesito—, entre todo eso se levanta un cine Hoyts que aunque grande se ve chico metido en este monstruo infinito, que no parece tener principio ni menos un final.
Y adentro de este Hoyts, que está en este mall, un festival de cine.
Sanfic es el festival más grande de Santiago, que comenzó tímido el 2005 pero que hoy, respaldado por uno de los grupos económicos más brígidos de Chile, se levanta como el gran momento del cine para la ciudad. Cada año pasa menos desapercibido: aumenta su publicidad en las calles, también su aparición en la prensa y los medios, y con eventos como su inauguración con alfombra roja le han dado una notoriedad necesaria, inalcanzable sólo con buenas películas o interesantes invitados. Además, los precios son mucho más baratos que los del cine comercial, lo que hace todavía más atractivo dedicarle una tarde a su programación y sorprenderse con alguna joya desconocida.
Pero todo este esfuerzo por instalar a Sanfic como una actividad santiaguina, que involucre a los santiaguinos y que se apropie de la ciudad por una semana y media, se anula rápidamente cuando uno abre el catálogo y ve que el 60% de las películas las dan en el Parque Arauco. No tanto porque sea un mall —con todo lo poco festivalero que eso pueda ser— sino porque queda, para la mayoría de la ciudad, a la chucha. Entonces todo el mundo ve en la tele, los diarios y la calle, que empieza el Sanfic y que van a dar esto y van a dar lo otro, pero para el sanmiguelino, el recoletano, incluso el ñuñoíno o el de Santiago Centro, es como si todo ocurriera en otro lugar.
Aparte es enorme: en el Parque Arauco puedes estar veinte minutos tratando de encontrar el lugar que buscas, pero una vez que lo encontraste ya no sabes cómo mierda fue que llegaste. Milagrosamente, llegué justo a la hora para ver mi primera película en Sanfic —y sin tener mucha idea aparte de las enigmáticas descripciones del folleto: Esto no es California.
Esa sensación, cuando uno ve las juventudes de otros en canciones o películas, de que la mía no estuvo bien aprovechada. O de que perdí tanto tiempo frente a la tele o amargado en mi cama, cuando otros lo aprovechaban en la calle, haciéndose heridas, desafiando los límites, sintiéndose realmente jóvenes. Me da una nostalgia por las energías desaprovechadas, por no haber inyectado de una épica rebelde a mi adolescencia, por quitarle el riesgo a un momento de la vida que se alimenta de esa estupidez necesaria, de no preguntarse mucho por las consecuencias y dejarse llevar por la adrenalina insensata de la primera juventud.
Esto no es California es un documental sobre tipos que hoy no nos deberían interesar: un grupo de amigos, cuarentones, que se juntan a hablar de su pasado, los años ochenta en Alemania Oriental. Un país muñequeado por la Unión Soviética, gris y predecible: nada pasaba porque sí, todo tenía una razón, pero entremedio de toda esa planificación, este grupo de amigos, pendejos y skaters. Y acá está la magia, el mérito, la genialidad: lograr un documental hermoso y universal con el archivo casero de una banda de rebeldes que patinaba en un país no apto para la sorpresa, con la Stasi siempre observándolo todo.
Tres amigos totalmente anónimos pero que el film los transforma en héroes, y entramos a sus vidas como si fueran las más importantes, nos involucramos en sus sentimientos y sus ideales, y yo lo único que quiero es haber tenido una adolescencia como la de ellos.
Es sobre el skate, sí, y sobre la Alemania Oriental, también, pero es todavía más sobre la juventud. No es tanto una apología a la rebeldía, a lo mejor un poco, pero lo que queda después de verla es que si hay un momento importante en la vida, esa es la adolescencia. La juventud. Probablemente, si la vivimos con absoluta plenitud, nunca podamos superarla, y seremos como esos viejos depresivos y patéticos que intentan ser jóvenes y locos para siempre. Pero si es bien aprovechada, habrán historias para contar y, sobre todo, la tranquilidad del tiempo aprovechado.
THIS AIN’T CALIFORNIA Official Trailer – 1 from franky lemke on Vimeo.



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