María en el Cine

Escrito por 22 julio 2012

Tras décadas de demonización el cannabis y el cine finalmente estrecharon vínculos y el hábito de fumar porros se incorporó al Séptimo Arte como una situación de la vida cotidiana, sin polemizar o ensayar miradas moralizadoras al respecto. Pero los inicios de la relación cine-marihuana no fueron para nada fáciles. Durante el siglo XX la gran pantalla representó el consumo de esta droga desde diversos enfoques, pero la gran mayoría de ellos tendieron a ensañarse contra ella y también contra quienes la consumían.

El repaso de las producciones cinematográficas más destacadas que abordan esta cuestión, ilustra de manera contundente los cambios en los discursos y en los prejuicios de la sociedad. Desde la demonización de la década del ’30 a la apología de finales de los ’60 y ’70. Y ya entrado el nuevo milenio, al surgimiento de la comedia de fumetas, todo un género que pone de manifiesto los nuevos y ahumados aires que soplan en el mundo del cine.

En 1934 la Asociación de Productores de Estados Unidos creó el Código Hays, un reglamento que indicaba lo que podía ser exhibido en una película y lo que no. El código condenaba las producciones que “rebajaban el nivel moral de los espectadores”, y en pos de ello prohibía un listado de actitudes, entre ellas el consumo o la venta de drogas (lo curioso es que al mismo tiempo auspiciaba los filmes en que un ser humano, por ejemplo, era acribillado a balazos). Sin embargo, paralelamente a esa prohibición, hubo cineastas que se dedicaron a producir películas que exploraban precisamente este tipo de prohibiciones. La figura más representativa de este cine fue Dwain Esper, un americano medio que, sin tapujo alguno y haciendo gala de un desenfado digno de galardón, dirigió en 1936 un film cuyo título fue simplemente “Marihuana” (para que a ninguno se le ocurriera preguntar de qué va la película). Esper aprovechó los aires moralizadores de la época para mostrar todo lo que las buenas costumbres no permitían mostrar.

Fue al año siguiente del estreno de “Marihuana” cuando en los Estados Unidos se prohibió el consumo de cannabis con el soporte de una fuerte campaña publicitaria. En 1938 el francés Louis Gasnier dirigió “Reefer Madness” o -en español que suena más ocurrente y divertido- “El porro de la locura”. Esta película -financiada por la Iglesia Católica para alertar a las familias del riesgo de fumar cannabis- y bajo el segundo título de “Tell You Children” (Cuéntale a tu hijo), fue comprada por Dwain Esper para ser distribuida en el circuito del cine exploitation, tal como se definía por aquella época a las producciones que se salían de toda norma y código. Esper reeditó la cinta y le dio un giro con el que la Iglesia estuvo de acuerdo. La idea era demostrar que la marihuana conducía a la locura. Para ello el film muestra a un grupo de jóvenes que luego de fumar un porro se vuelven asesinos despiadados, violadores de ancianas, organizadores de orgías, terroristas y ladrones de automóviles; todo esto al mismo tiempo y como consecuencia de haber fumado un porro. (Siguiendo la idea de la Iglesia Católica, mejor no imaginar lo que estos simpáticos muchachos hubiesen hecho si en vez de uno se hubiesen fumado dos).

La locura -de Esper- sin lugar a dudas fue tan elocuente que con el tiempo la película se volvió de culto y Broodway no pudo evitar hacer su remake musical tomando como objeto risorio a este controvertido director del cine exploitation.

Hasta mitad de la década de los ’60 los reguladores del cine censuraron cualquier intento de escenas que incluyeran el consumo de marihuana, aún sabiendo que el primero que lo había hecho había sido nada más ni nada menos que Orson Welles.

En 1958 se estrena “Tounch of Evil”, en donde la marihuana aparece nuevamente como detonante de actos aberrantes. La intención era crear la idea de que el consumo de esta droga era asunto de gentes de la peor calaña. Sin embargo cuando Hollywood se ocupó del tema, no fue siempre para desinformar o generar falsas ideas. En “Hemp for Victory” (Cáñamo para la victoria), un cortometraje realizado en 1942, se auspiciaba el cultivo para fabricar productos textiles. Casualmente durante ese año hacía falta mucho cannabis para reemplazar a las fibras industriales que debido al conflicto bélico en Europa comenzaban a escasear en Estados Unidos. (Aunque luego de concluida la guerra el gobierno negó la existencia de dicho cortometraje).

Buenos Humos

Con la influencia de otras ramas artísticas, en especial de la literatura, esa radical percepción de la peligrosidad del cannabis comenzó a cambiar en los años ’60, época en que fumar porros era la respuesta de una generación harta de prohibiciones. La marihuana se convirtió en símbolo de la rebelión juvenil. “Por aquellos días todo el mundo quería fumar”, recordaba el gran Dennis Hopper con motivo del cuarenta aniversario de “Easy Rider” (Buscando mi destino), película dirigida y protagonizada por el mismo Hopper, quien aseguró a la prensa que los porros que se ven en la cinta son reales. “Peter (Fonda, coprotagonista del film) y yo no hacíamos como que fumábamos marihuana, sino que fumamos marihuana durante todo el rodaje”.

Bob Dylan introdujo a The Beatles en la marihuana en 1964. Al año siguiente los cuatro chicos de Liverpool, dirigidos por Richard Lester, rodaron “Help” entre calada y calada.

Suprimido el Código Hays en 1967, fumar porros en el celuloide comenzó a ser menos ‘anormal’. Pero el film que contribuyó a acabar con todos aquellos pacatos prejuicios de décadas anteriores, fue sin lugar a dudas “Woodstock”, película de Michael Wadleigh que retrató el punto más fervoroso de la contracultura hippie, ganadora del Oscar al mejor documental en 1971.

Ya entrados los años ’70 el cine trató a la marihuana de una manera amable, rozando en ocasiones con la apología. Ingrediente de la cultura popular, el porro se estableció en el cine con películas que representaron en sí mismas toda una revolución. La primera de ellas fue “Up in Smoke” (Como humo se va), dirigida por Lou Adler en 1978. Los personajes de esta película, dos fumetas obsesionados, dejan definitivamente atrás la imagen siniestra que el cine le había otorgado al consumidor de cannabis y abre camino a ese otro ser simpático y bonachón, pacífico y atolondrado, modelo repetido en la pantalla grande hasta nuestros días y emulado hasta por el mismísimo Homero Simpson.

Malos Humos
Habían sido tiempos de buena prensa para la marihuana. Hasta que en los años ’80 Ronald Reagan inició su guerra personal contra las drogas y por un momento los directores temieron la censura o la persecución. Sin embargo, ya era tarde para las moralinas intenciones del gobierno estadounidense. El público ya se había acostumbrado a convivir con escenas en las que se incluía el porro sin que necesariamente la película retratara el mundo de las drogas. Y llegó el día en que los directores se atrevieron a incluir escenas en donde se fumaba cannabis en películas consideradas ‘Para Todo Público’ como “Como eliminar a su jefe”, de 1980, dirigida por Colin Higgins y protagonizada por primeras figuras como Jane Fonda y Dolly Parton, entre otras.

En 1993, Richard Linklater dirigió “Danzed and Confused” (Rebeldes y confundidos), clásico de la comedia juvenil ambientada en 1976, que narra la vida de un grupo de estudiantes que pasa sus días entre el humo y la risa. Y he allí el inicio de lo que durante el nuevo milenio se dio en llamar stoner, películas de dudosa comicidad en donde toda la acción gira en torno a la marihuana. Entre los títulos más conocidos de esta suerte de subgénero están “Harold and Kumar go to White Castle”, de Danny Leiner, 2004, “Harold and Kumar escape from Guantanamo Bay” (En España “Dos colgados muy fumados”), y “Pineapple Express”, de David Gordon Green, ambas de 2008.

De todos modos el hábito de fumar marihuana no se queda sólo en este tipo de comedias de fumetas descerebrados. La comedia romántica con primeras figuras también ha representado escenas en donde el consumo de cannabis aparece como algo casual o completamente normal. Y ya no son sólo comedias. Y ya no es sólo Hollywood, sino que la libertad, la falta de prejuicio o la democratización respecto de este asunto se ha extendido al cine mundial, tratando las escenas con total normalidad. Un ejemplo de esto es “Policía, adjetivo”, película del director rumano Corneliu Poromboiu. El film del director de “Bucarest 12:08” narra el dilema ético de Cristi, su joven protagonista, y a través de él, muestra la impotencia del individuo que se enfrenta a los hábitos autoritarios de la burocracia.

En la España post Franco también sobran los ejemplos. Basta con mencionar sólo algunos títulos como “La quinta del porro”, (1980) de Francesc Bellmunt o “Año Mariano” (2000), de Fernando Guillén Cuervo.

No ha sido una relación fácil, no. Pero por lo que parece, la locura de algunos censores y otros seres indeseables es impensable en nuestros días. Que así sea, que los malos humos de unos pocos no contaminen la libertad de otros tantos. Amén.

Marihuana de Dwain Esper

Reefer Madness de Louis Gasnier

Up in smoke de Lou Adler

4 comentarios

  • Juan Pablo - 24 julio, 2012

    Hola, no existe algún link para ver alguna de estas películas gratuitamente? Agradezco cualquier dato. Saludos.

  • maucho varela - 26 julio, 2012

    tremendo artículo. congrats!

  • Pato Sesnich Jr. - 27 julio, 2012

    Buen articulo, pero de repente me agota tanto humo en las peliculas, de hecho a veces lo encuentro un recurso innecesario -que se yo, que los personajes tengan que demostrar sus sentimientos, previo pito-.

  • Joaco C. - 31 julio, 2012

    Hay un clásico donde sale Peter Fonda que se llama “The Trip” que, aunque no se trate directamente de la marihuana, abarca todos los supuestos problemas que traen las drogas. Se supone que se filmó con el fin de sensibilizar a la gente, pero al final parece una comedia por el abuso del “explotation” con las drogas. No es muuuuy buena, pero la recomiendo.

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