FIDOCS 2012: Bill Cunningham New York

Escrito por 1 julio 2012

Personajes y Dilemas
Director: Richard Press
Año: 2010

Yo no voy a la iglesia, pero respeto a los que lo hacen. Algunos irán obligados y otros por miedo a su dios, pero me imagino que habrán los que van porque allí encuentran el refresco a sus ideales, el ordenamiento de sus principios y las guías para la vida que desean llevar. Ese momento que otros encuentran en las bibliotecas o en las brujas, pero que funciona como una limpieza de la mierda que la ciudad nos impregna, en los vicios que la gente y el trabajo nos pega, y que nos entrega esa luz que renueva la esperanza de una vida que valga la pena.

Yo no voy a la iglesia, pero Bill Cunningham sí lo hace. Y para mí, que he visto su documental ya dos veces, saber de su vida es como escuchar al más convincente de los profetas, de esos que no lo parecen pero que por lo mismo sí lo son.

Bill Cunningham saca fotos de moda callejera para el Times de Nueva York. Probablemente, ya saben de qué se trata la película: es, junto a la de Herzog, la más taquillera de este Fidocs 2012, precedida de muy buenas críticas y mucha expectación. Sus funciones han estado todas llenas y el público sale muy choqueado después de verla, como tocados en el fondo de su alma, con una perturbación profunda, de esa que parece que cambiará tu vida, pero que al final se diluye siempre entre las compras del supermercado y las notificaciones de Facebook.

¿Qué es lo que tiene Bill? Tiene principios. Tiene principios y no los transa por nada del mundo. Tiene también una inquebrantable ética de trabajo, mucha lealtad y un amor intenso por lo que hace. Por eso, primero causa mucha gracia y simpatía verlo hacer su pega, pero luego las sensaciones cambian, y de la ternura se pasa al respeto, cuando vemos en las condiciones en que vive —en una pieza sin baño ni cocina, donde apenas cabe un pequeño catre entre los miles de ficheros que guardan sus negativos— y las condiciones que se autoimpone para hacer su trabajo. Se mueve sólo en bicicleta, casi no come, y no hay en su vida otra ambición que la de hacer su trabajo limpiamente y lo mejor posible. Sin trampas ni atajos.

Pero del respeto, que le podemos tener a tantos personajes del mundo que se sacrifican por hacer bien las cosas, pasamos a la vergüenza. La vergüenza de ver que nuestras vidas están empantanadas en ridiculeces, donde la vocación se posterga constantemente por ambiciones nimias y superfluas, que la mayor parte del tiempo somos incapaces de hacernos cargo de nuestros roles y nos escondemos detrás de tecnologías que fueron creadas para su pronta obsolescencia.

Vergüenza sentí al ver a Bill Cunningham llorar cuando le preguntan por qué va a la iglesia. No sé muy bien por qué, a lo mejor porque sentí que yo no tenía ningún derecho de ver a ese hombre, tan buen hombre, un hombre de bien, en una posición de debilidad y tristeza, cuando nos demostró durante toda la película que es el hombre más limpio y puro de todo el universo. Es, como decía, una especie de profeta, que sin querer figurar ni promover su visión de la vida, por suerte para nosotros lo logró igual. Ver su documental es como ir a la iglesia: es renovarse, sacudirse de la mierda que nos aplasta día a día y creer, probablemente con mucha ingenuidad, que podemos ser algún día personas de bien.

3 comentarios

  • Eleonora - 1 julio, 2012

    demasiado bacán, y si no fuera tu polola pensaría igual que es demasiado bacán

  • sebast - 3 julio, 2012

    Interesante documental. Eso si, deberias escribir en primera persona, yo al menos no tuve la secuencia “simpatia respeto verguenza”, no es bueno generalizar. slds

  • Elisa - 5 julio, 2012

    Que buena crítica Bley!!! No lo pudiste haber explicado mejor.

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