FIDOCS 2012: The Nine Muses
Panorama Internacional
Dirección: John Akomfrah
País: Reino Unido
Año: 2010
Aunque muchas veces el mundo es un lugar previsible y repetido, donde los pacos tiran lacrimógenas en las marchas y las calles se inundan con la lluvia, hay otras donde nada es lo que debería ser y todo se vuelve una sorpresa.
Es una sorpresa, por ejemplo, que Mario Balotelli, el jugador italiano más cuestionado de la actual Eurocopa, tire dos veces al arco en la semifinal contra Alemania, y que los dos sean unos golazos. Una sorpresa que trae otra: Italia, equipo que venía con problemas al comienzo, está ahora en la final.
Otra sorpresa es que en Fidocs 2012, donde todo suele deslizarse como mantequilla sobre el sartén, suave y sin problemas, falle una película. Sorpresa: los valientes que estaban a las 4 en el Cine UC para ver la misteriosa The Nine Muses fueron interrumpidos cuando el sistema de subtítulos dejó de funcionar. La película, británica, es un experimento que demuestra que los límites del género documental son más amplios de lo que se cree. No es sólo biografías o sucesos recreados con los recuerdos de otros, ni tampoco el seguimiento de un acontecimiento en particular. Es, claramente, todo eso, pero también mucho más. Puede ser, como en este caso, un ensayo que mezcla a la Odisea de Homero con imágenes del ártico, archivo de la inmigración negra a Inglaterra y algo más que no se pudo entender con la falla técnica.
En la mañana el GAM había funcionado como refugio antilacrimógeno, cuando la marcha pasó en un segundo de tranquila a caótica. Las puertas, de grueso vidrio, las habían cerrado por seguridad, pero las lágrimas eran más fuertes y algún piedrazo la rompió. El vidrio quedó esparcido en la entrada por el resto del día, y pisarlo hacía sentir que algo está pasando, que esta es una ciudad adolescente, en desarrollo. No se puede pensar un mejor escenario para un festival de documentales: algo riesgoso y a lo mejor agresivo, el centro de Santiago demuestra que está vivo, que pasan cosas y que los santiaguinos dejamos de ser esos grises peatones miedosos del desorden y la noche.
Pero en el Cine UC los subtítulos nunca volvieron a funcionar. Las luces se prendieron, alguien del festival pidió disculpas y esperar unos minutos, y las caras de los presentes eran graciosas. Mientras una señora dormía con la boca abierta otros ponían mirada de impaciencia, como si hubieran logrado descifrar una película que se complicaba a propósito. El resto —estudiantes, señores solos, un viejo pelado y algunas mujeres bien parecidas— no ponía ninguna cara, no tenían ningún apuro. Tenían, más bien, esa fabulosa indiferencia que sólo se obtiene sentado en una sala de cine en la mitad de la tarde. O lo que es lo mismo: el placer de aislarse del mundo y sus sorpresas imprevisibles.



0 comentarios