FIDOCS 2012: Au Bonheur Des Dames
Panorama Internacional
Dirección: Christine Le Goff y Sally Aitken
País: Francia
Año: 2011
El mall Costanera Center se inauguró hace poco y, a pesar de las amenazas oportunistas que intimidaban con que la gente no iría, el lugar no para de llenarse. Los estudiantes, siempre un paso adelante, ocuparon durante la tarde sus pasillos para reactivar su enfriado movimiento: en la catedral donde se satisfacen los deseos más efímeros, los chicos desplegaron una bandera gigante para recordar que la pelea por un país mejor educado sigue viva. Ese contraste de la pasividad del mall con la intrepidez de la bandera ayudó a reforzar el mensaje, pero es loco pensar que estos conceptos hoy tan opuestos —el consumo desenfrenado y la lucha por los derechos y la igualdad— en algún momento de la historia estuvieron muy unidos.
Fidocs 2012 empezó el martes con su inauguración y película de apertura. Quizá la elección de ella —la excelente y durísima “Chile: ¿hasta cuándo?”, de David Bradbury— no estuvo muy bien hecha. Para el cocktail posterior, normalmente de muchas risas y entusiasmo, todos estaban hacia dentro, muy tocados y sentidos, como si disfrutar después de tal registro de la dictadura de Pinochet no correspondiera, como si fuera un pecado. Igual nomás el vino se acabó.
Para el miércoles, la tarde helada empezó a tomar ritmo de a poco, y a las 5, en el GAM, se proyectó el documental francés “Au bonheur des dames”. Y aquí, algo fantástico: una cinta que partió como esos telefilmes de época que circulan por el Film&Arts terminó explicando muy originalmente el estado actual de la humanidad. O sea, lo que parecía la historia de la primera tienda de departamentos del mundo, contada con recreaciones simples y aportes de historiadores, logró al final dar con una teoría novedosa y muy bien fundamentada: que el espacio propiciado por las grandes tiendas —donde las mujeres podían incentivar por primera vez toda su frivolidad, comprando todo lo que no necesitaban en un solo lugar— promovió finalmente la liberación femenina —con un lugar de reunión legítimo, que las empoderó y las hizo querer igualarse a los hombres. Que una idea loca de un francés loco por ganar más plata terminó dándoles a las mujeres europeas el pie para valorarse y querer más.
Aristide Boucicaut, un ambicioso tendero francés del diecinueve, tuvo la fantasía que para muchos es hoy una pesadilla. Soñó con un lugar donde se vendiera todo lo que una mujer pudiera imaginar. Un palacio inmenso donde las clientas se sintieran como reinas, pudiendo tocar, oler y probarse las prendas, ver su precio, pasear y sentirse como en el cielo. Ese sueño se hizo realidad y Au Bon Marché fue la primera gran tienda de la historia.
La idea, como toda idea que hace plata, fue copiada, y la tienda londinense Selfridge’s se transformó, inesperadamente, en una especie de cuna para el movimiento que buscaba el voto femenino. Las suffragettes, como se les llamó, salieron de las clientas y trabajadoras de la tienda. Mientras unas adquirían confianza y poder con el consumo, las otras ganaban independencia con su trabajo —y así también creció su ambición. El mismo dueño de la tienda, Gordon Selfridge, las ayudó financiando el movimiento, argumentando que una mujer independiente era además una mejor consumidora.
Los guardias en el Costanera trataban de sacar la bandera, de continuar con la normalidad que todo mall necesita para seguir funcionando. Pero tampoco le ponían mucho empeño, como si supieran que ese era un momento que no podían evitar. Así como al comienzo, más de cien años después, consumo y rebeldía, juntos en el mismo lugar.



1 comentario
Larga vida a los malls y a Bley.