Dañados

Escrito por 1 junio 2012

El nuevo film del artista plástico Steven McQueen, quien hace un par de años presentara la extrema y criticada Hunger, una cinta entre fashion y experimental acerca de los huelguistas de Irlanda del Norte, se adentra –de nuevo- en terrenos peligrosos y fáciles para el equívoco: el cuerpo como cárcel, la imposibilidad de escapar, la necesidad de conectar, el terror de ceder.

Michael Fassbender interpreta con bravura a Brandon, un ser escindido, adicto al sexo que vive en un espartano departamento en Manhattan sin cortinas (una ciudad sin cortinas donde nadie espía porque quizás todos hacen lo mismo: estar solos) y trabaja en una compañía donde nunca sabemos bien qué hace. Su única preocupación es la de satisfacer su ansia: es un verdadero depredador que está dispuesto a cualquier cosa con lograr botar su energía y su rabia. La precaria armonía en la que vive se rompe cuando llega de improviso su hermana Sissy, Carey Mulligan, devastadora e insuperable, una aspirante a cantante que desordena tanto el departamento como la vida de Brandon.

Rara vez -¿alguna vez?– el sexo ha sido visitado como una autoflagelación, como una forma de evasión, de desconexión. Aquí la carne separa; no une. Brandon siempre está solo, oculto; simplemente no sabe conectar. Su hermana es lo opuesto: necesita conectar y lo demuestra, aunque quizás su opción es aún más arriesgada y demente.

La cinta posee momentos únicos, incómodos, donde el pudor ingresa a la ecuación. Inolvidable es ver a Brandon correr y correr por las calles de noche, una escena silente pero que habla más que mil páginas de guión; o esa secuencia desgarradora cuando Sissy canta “New York, New York” en un bar de un hotel fashion. Imposible no recordar a Liza Minelli y su interpretación del mismo tema en el film de Scorsese. Pero en éste, donde el momento era celebratorio y lleno de vida, en Shame es lo inverso. Cada palabra adquiere un nuevo significado. El dolor y la pena, el pasado y su peso, hacen su aparición. Es uno de los pocos momentos en que vemos de verdad desnudos a Brandon y a Sissy porque la desnudez aquí puede ser mucha, pero por mucho que muestren, nunca se muestran de verdad. El full frontal va por mostrar el alma y lo que hay entrampada en ella más que en los pechos y los genitales. Shame se adentra en la autodestrucción y en la adicción que todos llevamos de alguna manera dentro. Imponiendo preguntas y negándose a responderlas, McQueen crea una pieza clínica, única, urgente, contemporánea, devastadora. Una cinta difícil que nos instala, así como lo hiciera hace un tiempo Red Social, en la imposibilidad de relacionarnos, en el daño que acarreamos, en el dolor inmenso y absoluto que significa, en una era tan ultra conectada, seguir solos.

2 comentarios

  • TuLio - 12 junio, 2012

    Excelente crítica. Concuerdo completamente. El momento de New York, New York impagabale. Comparto la crítica que hice en mi blog sobre esta película: Creo que la esencia de la película es trágica. En mi opinión no hay espacio para ‘filones divertidos’, sino es el intento de Brandon por buscar una salida fallida a través del sexo, de un placer que no deja de ser doloroso. Hay un detalle del pasado que afectó a ambos hermanos (y esto es más que evidente en la parte en que Sissy canta New York, New York) pero del que ambos intentan escapar de diferente forma. Es una película brillante y comparto la crítica que hice en mi blog: http://letrasbizarras.blogspot.com/2012/06/shame-escape-sin-salida.html

  • pelado - 3 marzo, 2013

    En la película Shame el cuerpo del actor se adueña de la pantalla, de forma completamente devastadora, sobre unos espectadores que tal vez puedan encontrar algún matiz en este personaje en el que reflejarse de manera profundamente inquietante.
    El protagonista de Shame es Brandon, aparentemente un triunfador absoluto. Treintañero, con una presencia física imponente, un trabajo incierto pero de éxito, un pequeño y lujoso apartamento en Nueva York, y una vida sexual incesante y devastadora. Al principio el personaje deslumbra, y brilla pero pronto veremos cómo detrás de esa caratula lo único que hay es un profundo vacío y un dolor humano ancestral. El sexo en la vida de Brandon es una respuesta a una gran culpa una válvula de escape, una forma de camuflar su imposibilidad de entablar una sola relación con un mínimo de profundidad y compromiso.
    Habitan en el los tortuosos entresijos de la soledad y la incapacidad de comunicación y diálogo con el mundo. Sin embargo todo en él y en su entorno parece funcionar y fluir en una tensa perfección.
    Todo cambia provocando un giro y una inquietud mental en el protagonista el día en que su hermana irrumpe en su vida nuevamente.
    Inestable, confundida y muy sola, la presencia y el precario equilibrio de Sissy perturban a su hermano hasta el punto de hacerle sentir y traerle de regreso anidados demonios infantiles cargados de culpa, generando así también el único vinculo humano que le queda en su vida. Desde ese momento su dependencia animal por el sexo en todas sus formas, se convierte en algo que socialmente debe ocultar, algo que a los ojos de los demás le provoca una profunda vergüenza. En un momento de la historia, Brandon intenta revelarse inútilmente ante su despiadada y adictiva naturaleza, confirma que es incapaz e impotente literalmente, de amalgamar sexo y afecto, penetración, caricias y miradas con una mujer que se disponga hacia él para algo más que una descarga masturbadora exenta de tarifa.
    Desde ese momento su caída en picada hacia las inciertas profundidades del infierno que habita y domina su carne resulta ya inevitable.

    Steve McQueen, además de excelente director es también un notable guionista, se acerca a la descorazonadora historia de forma envolvente, magnética y más que sugerente. Sus potentes y cuidadas imágenes atrapan al espectador cual si fuéramos furtivos voyeristas, no queremos salirnos de este viaje mental al que nos ha invitado, por más que nos gustaría hacerlo en más de una ocasión ante la incomodidad provocada por la crudeza y su valiente opción de no soltar al protagonista y su carga de dolor ni un solo segundo del lente de la cámara la que junto a su cuerpo conforman la cárcel perfecta.
    McQueen juega con el montaje en varias secuencias de forma absolutamente brillante consiguiendo momentos de cine prodigiosos. Aquí la forma es poderosa robusta y sustantiva copula de manera prodigiosa y bestial con el contenido llegando a un orgasmo sublime logrando así la consistencia de Shame .

    El enfermizo círculo sobre el que gira la vida del personaje está narrado con fuerza, con una cámara en mano que busca incesantemente y no acaba de encontrar, provocando una desazón claustrofóbica considerable.

    La adicción al sexo , culmina con una secuencia en trió soberbia, en el que la expresión dolorosa de un rostro completamente desencajado que alcanza un orgasmo hiriente lo dice todo sobre la debacle ya no solo personal sino atávica y universal en la que queda sumido el ser humano esclavo de su naturaleza “ semen y sangre” diría un poeta maldito. El actor llegado a ese punto, ha hecho una demostración de elegancia, valentía, sutileza y desgarro difícil de olvidar. Una naturaleza excedida y desbordante se enfrenta cara a cara con la imposición cultural adquirida ¿donde está realmente la suciedad?
    Carey Mulligan interpreta a su hermana personaje catalizador de la catarsis que sufre el protagonista.
    Suyo es tal vez el momento más emocionante y triste de la película. Una interpretación del clásico New York New York que queda ya grabada en las retinas y en los oídos como uno de los momentos más gloriosos dados por el cine en mucho tiempo. Sin virtuosismo vocal casi recitando frágilmente la letra, Sissy desnuda su íntimo deseo de romper la fría celda de invisibilidad y anonimato que la atrapa, dejar de ser objeto mítico del destino. Heroína victima del diseño trágico que se ha preparado para ella.
    Los hermanos más tarde, sentados de espaldas a cámara en un sofá, viendo en el fondo desenfocado unas caricaturas antiguas en blanco y negro en TV son el escenario y el encuadre perfecto para que el guion deslice entre líneas la génesis prohibida de tanto dolor.
    Dos hermanos unidos trágica e inevitablemente por las cicatrices de una frustrada fuga suicida, permanente y eterna.
    Pero el comienzo y la salida están afuera en la urbe en el tren subterráneo en ese mar humano, en estas aguas se articula una secuencia de montaje húmeda, eréctil de miradas de soslayo maquilladas y lagrimosas que indican la única salida en la estación de destino de este viaje seductor y doloroso al que hemos sido invitados. Reiniciarlo todo desde esa prisión de la que no se puede escapar…. el cuerpo.

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