Rabia: Una Historia de Decadencias

Escrito por 11 abril 2012

Cuando el ecuatoriano Sebastián Cordero adaptó la novela Rabia, del escritor argentino Sergio Bizzio, ya había sacudido a la crítica con sus anteriores realizaciones, Ratas, ratones, rateros y Crónicas; aunque el verdadero reconocimiento lo obtuvo con este poderoso trhiller que revitaliza a la novela homónima y convierte algunos de sus pasajes en cabales muestras de auténtico cine de autor.

Galardonada en 2009 con el premio máximo que otorga el Festival de cine de Málaga -la Biznaga de Oro- Rabia cuenta la historia de José María, un inmigrante sudamericano que tras asesinar al capatáz de la obra en la que trabaja decide ocultarse en el desván de la casona de ricos en la que Rosa, su novia -también inmigrante- se gana la vida como mucama interna. Aunque si sólo nos quedásemos con esta única lectura, bien podríamos creer que se trata de otra de las tantas películas que tratan el tema de la inmigración, como consideró en su momento parte de la crítica especializada. Porque si bien ésta es una de las claves de la narración, las intenciones tanto en la obra de Bizzio como en la adaptación de Cordero no acaban allí, sino que se multiplican a medida que el relato avanza, revelando la verdadera escencia de su pretención que finalmente es ensayar una mirada reflexiva -y desde ángulos opuestos- de la miserabilidad y de la decadencia.

Intentando escapar de la justicia, José María (interpretado por Gustavo Sánchez Parra) se refugia en el desván de la vieja casona, propiedad de los españoles para los que trabaja su novia. De allí no se moverá en unos cuantos meses, tiempo que empleará en la observación de cada miembro de esa familia adinerada que cuida las apariencias, pero que sin embargo -tal como podrá ir descubriendo José María con el paso de los días- oculta en sus entrañas su verdadera naturaleza caracterizada por la prepotencia, el odio, el engaño y hasta las vejaciones. Casi convertido en un espectro que merodea la vieja casa que Cordero nos presenta lúgubre y hasta fantasmal, Jose María va creciendo en rabia cuando es testigo de los abusos que Rosa (Martina García) se ve obligada a soportar en silencio debido a la condición de “inferioridad social” que supone ser una inmigrante irregular. La rabia de José María, como es de esperar, irá in crescendo a medida que se sucedan los días, rabia interpretada de manera virtuosa por un Sanchez Parra que parece haber nacido para interpretar a este tipo miserable y desdichado con el que, sin embargo, el espectador -o al menos yo- logra empatizar. José María hará lo que sea necesario para proteger al único ser por el que intentará mantenerse con vida hasta las últimas consecuencias.

Claustrofóbica, asfixiante, magistralmente rodada e interpretada, Rabia podría ser una suerte de thriller reflexivo que propone un acercamiento a la situación de esclavitud que padecen algunos inmigrantes, una mirada a la debacle de una familia rica que ha perdido todo su esplendor, o el retrato psicológico de un criminal. Pero me temo que todas estas consignas no son suficientes a la hora de pormenorizar los verdaderos significados de esta gran película. Porque Rabia nos habla de la decadencia en el más amplio sentido del término; y de este modo deja a los espectadores la posibilidad de trazar los paralelismos que hagan falta o hallar las similitudes que cada uno considere. No es casual que durante la rueda de prensa que siguió al pase oficial de Rabia en el Festival de Cine de Málaga, un periodista español le preguntara a Cordero si esa familia en decadencia podía ser España y la rabia del protagonista podía ser entendida como la rabia de gran parte del colectivo inmigrante que casualmente por esos días volvía a enfrentarse a una nueva reforma de la ley de extranjería que atentaba contra sus derechos (por no mencionar los abusos y demás infamias que soportan sin que jamás sean denunciadas).

Producida por Guillermo del Toro, Rabia no deja indiferente a nadie. Incluso a aquellos que sólo buscan mero entretenimiento. Una película inteligente dirigida por uno de los realizadores latinoamericanos más prometedores del momento.

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