La historia triste de la banda más grosa: Los Ramones
Como abrir una caja llena de ratones o una lata de cerveza batida o soltar a un perro amarrado: pura energía contenida que es al fin liberada.
Escuchar los primeros tres discos de Los Ramones es identificar una urgencia absoluta y atemporal, que cobra el mismo sentido y efecto en 1976 —tiempos de total melosidad y vaguedad en la música popular gringa— que en abril de 2012 —cuando la necesidad de rabia, velocidad y calle en la música actual es intensa.
Como bajar la Alameda en bici o un carrete que termina con los pacos en la puerta o robarse un pan del supermercado: la rebeldía mínima que salva el día.
Sin saber tocar, sabían lo que querían hacer. Compraron instrumentos que no tenían idea cómo tocar, pero en sus cabezas —entre el neopren y las minas que no los pescaban— estaba claro: el rock está muriendo, lo salvaremos nosotros.
Como quedarse solo en el recreo dibujando o mirando a la niña que te gusta pero que nunca te mirará de vuelta o los viernes en la noche esperando a que algo pase: el fracaso permanente que intensifica las emociones
Tan simple como tomar las estructuras de las clásicas canciones de rockanroll de los sesentas —Beach Boys, The Ronettes, The Kinks— y apurarlas con la velocidad y furia de pioneros como The Stooges y New York Dolls, agregándole además letras callejeras —que incluyen subtemas como la vagancia, la violencia, el amor, drogas y prostitución.
Como pegarle al bully que te viene matando hace tiempo o conseguir a la mina que siempre quisiste o contestarle a tu padre y dejarlo sin argumentos: la euforia anfetamínica de saber que todo es posible, que las pequeñas y secretas victorias cuentan más que las grandes hazañas de la historia.
Los Ramones fueron de los últimos grupos que cambiaron la música popular para siempre. Tres de sus cuatro miembros originales murieron con más pena que gloria, tocando en bares hediondos y mal iluminados, igual que el primer día. La decadencia de su juventud, en un suburbio neoyorquino, los hizo componer las canciones que influyeron desde a los Clash hasta The Strokes. La misma decadencia los fue matando de a poco, llevándolos al olvido inmerecido, incapaces de salirse ni de superar lo que alguna vez fueron: una caja de ratones, una cerveza batida, un perro amarrado.
End of the Century, la historia triste de la banda más grosa del siglo xx.



1 comentario
muy buen dvd desde el comienzo hasta el final
ramones es mas que una banda