BAFICI 2012: Mis sucios 3 tonos

Escrito por 13 abril 2012

Dirección: Juanma Brignole
País: Argentina
Año: 2012

Reconozco el acento Misionero, al noreste Argentino. Primeros planos: Posadas, capital de la provincia, ciudad fronteriza entre Paraguay y Brasil. Qué distinto que es Buenos Aires del resto de la Argentina, pienso mientras recuerdo el verano que recién pasé en aquella ciudad. Nada de casualidad. Vuelvo a los primeros planos: un skate colgando, un par de graffitis, vida callejera de buenos adolescentes. Y mucho punk rock para una película que aunque sencilla traspasa las vidas de los que alguna vez creímos (o seguimos creyendo) que debemos transitar las calles entre amigos, entre amigas, y sobrevivir viviendo, permaneciendo entre nosotros.

Mientras la imagen construye el espacio escuchamos la conversación de tres jóvenes. Planos secuencias, largos que parecen cortos, no nos perdemos de nada, pasamos de rostro en rostro, de niños que hace poco dejaron de serlo pero que están lejos de ser adultos. Entramos en una camioneta blanca, la carita de quinceañeros nadie nos la saca de encima, pero no nos importa. Somos rudos, fumamos cigarrillos, tomamos cerveza, tenemos novias y hacemos lo que queremos.

Fun People, punk de los noventa. De noche tocan cerca de río. ¡Ahí vamos!
(Aunque con falsas entradas)

Poco a poco los chicos son uno más que otro. No tienen nombres, claro, tienen sobrenombres. Permanecen en la ciudad, con calma habitan lo que les pertenece. Descubrimos despacio los detalles que construyen los relatos, mínimos. Los jóvenes también tienen problemas. Aunque distintos. Se develan relaciones, se plantean pequeños conflictos entre unos y otros. A veces, los lugares comunes no son malos si no reflejos simples de lo que somos, de por qué y de cómo.

Se presenta la primera chica del grupo. ¿Cómo? Manos amarrando una zapatilla deportiva, linda pierna, lindo tatuaje. Vemos cómo sube la cámara, cómo recorre su cuerpo, en el brazo otro tatuaje: flores rojas, de perfil vemos su carita de mujer que, claro, ya no es de niña. Linda chica. Juega voleibol. Su novio es uno de los chicos del grupo, vende radios de autos y películas piratas en un persa en medio de la ciudad. Los chicos lo van a buscar, y el novio manda al amigo a buscar a la novia. Claro. Ella lo abraza, al amigo, mientras de noche pasean en moto para ir donde están todos. Los conflictos no son tan conflictos pero existen igual. Se enamoran por un segundo, tienen sexo en la camioneta. El resto toma cerveza en un yate de no se quién. Se pelean, se ríen, etc, etc.

El concierto está por comenzar. Se reúnen todos al fin. Son ocho en total. Seis hombres, dos mujeres. Pero no, las entradas son falsas, cómo no notarlo. Que hacemos. Nos vamos en un bote por el otro lado del río. Tampoco podemos entrar. Nos sentamos para escuchar de lejos, “siempre nos pasa lo mismo”, dice uno. Pero llega el agua, se corta la luz, y todos podemos entrar. El concierto se acabo. De lejos, en el baño, Boom Boom Kid, el vocalista de la banda. Se acercan, pero tampoco lo pueden conocer.

Se van todos, esperan el bus sentados contra la pared, lindos planos. Dos amigos se abrazan tomando jugo en caja y ríen de estar juntos. Ríen.

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