BAFICI 2012: Las Pibas
“3) Utilizar muchos exteriores para no discutir con el director de fotografía (y además para ahorrar luz) [ya no tengo ese problema porque lo hago yo]” dice Raúl Perrone en su decálogo del año 1998 y comentado este 2012. Para alguien que considera esto como el tercer punto de un decálogo sobre creación de películas, algo muy especial se debe traer entre manos. Es que Raúl Perrone es el padre del cine independiente latinoamericano. “Independiente”, diría él “hoy cualquiera dice que hace cine independiente, La palabra “independiente” está absolutamente vapuleada y no sé si siquiera genera respeto”. Sin el afán de faltarle el respeto, sino más bien como una introducción general: Raúl es el campeón del cine “independiente” latinoamericano. Y punto.
Es que hablar de cine independiente es complicado. Sobre todo en nuestra región. No hay buena forma de definirlo. Para mi, en lo personal, tiene que ver con una cine en el que objetivo, el centro y el canal está en la historia. Aunque no sólo en la historia. Sino en la creación de personajes. En las conversaciones. En el contar historias. El cine está en la narrativa y el resto, como diría Raúl, “no es más que marketing”. Y en Las Pibas, Raúl lo hace con finura, tranquilidad y profundidad. Esta idea quizás recuerda un poco al estilo DOGMA de Lars Von Trier –antes de que perdiera la cabeza con su minimalismo delirante en Dogville (para un poco… quizás no era tan minimalista después de todo. No su presupuesto al menos), pero no, no, va por otro lado la cosa.
Lo bello del cine está en que las historias se pueden contar de miles de formas y que, generalmente, el formato y el estilo importan poco. Quizás la gracia del cine independiente de los últimos años es que, principalmente, el contar una historia no estuviera nunca interrumpido por la falta de financiamiento. Y dado que la industria es una –para decirlo en buen argentino- hija de puta con los cineastas sin fama, pues entonces ahí estaba el bello cine garaje, el cine “independiente” –con disculpas a Raúl. Es muy cierto, el cine independiente ha dejado de ser el cine sin financiamiento y se ha movido hacia otro espacio. Quizás tiene que ver con que los equipos están cada vez más baratas (hoy puedes filmar una película que luzca bellísima con una cámara de 1000 dólares), los actores menos sindicalizados y los directores cada vez como navajas Swiss Army. Pero está claro que lo que hoy entendemos por cine garage, ya no es tan garage.
No importa demasiado. O, quizás sí, pero no viene al caso discutirlo tanto. Lo importante es que Raúl mantiene un principio vivo: La relevancia de su trabajo está siempre en la historia y en los personajes. Nada de felpa ni azúcar flor. Y en Las Pibas (en muestra en el Bafici 2012) no se equivoca ni por un segundo. No sólo porque sus personajes están muy bien armados y las conversaciones muy bien planeadas –parecen ser conversaciones muchos más reales que las que yo nunca tuve- sino porque se toma el tiempo en dejar que las cosas ocurran. En Las Pibas lo que ocurre está en las pausas, en los silencios, en los momentos en que ni una acción ocurre. No sólo eso, parece ser tan real todo que yo me confundí creyendo que Raúl había hecho un documental hasta los 45 minutos de película. Quizás soy yo el pelotudo, pero no creo.
Es emocionante ver cómo al olvidarse de todos los resquicios técnicos, al olvidarse de los cortes, de las variadas tomas y enfoques, cuando la cámara sólo se queda quieta… aparece un universo muy real lleno de belleza.
Lo último de Raúl es igual de bueno e importante que el resto de su trabajo. Y me da una pena/envidia/rabia tremenda no poder tener todas sus películas en cinépata. Algún día. Ya vendrá. Por mientras… tenemos Las Pibas en Bafici [14].



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