Marwencol

Escrito por 17 febrero 2012

A estas alturas es un cliché, pero cuando hablamos de estar bien, cómodos, sentirnos plenos, hablamos de estar en nuestro mundo. Hablamos de crear “nuestro mundo”. Pero qué me dirían de una persona que ha estado los últimos 10 años haciendo literalmente eso: creando su propio mundo y haciendo su vida en éste. El fascinante documental Marwencol, del debutante Jeff Malmberg, nos relata la vida de un hombre que bien parece salido de una fábula delirante creada por la mente de Werner Herzog.

Corría el mes de Abril del año 2000. Un día como cualquiera para Mark Hogancamp, un sujeto de 38 años de edad quien como de costumbre, se encontraba en un bar bebiendo hasta saciarse.

Pero ese día de Abril sería distinto.

Luego de haber tenido una discusión que no pasó a mayores en el interior del bar, Mark fue atacado en la calle por 5 sujetos que lo golpearon hasta casi matarlo. Nueve días en coma en el hospital, su rostro desfigurado y daño cerebral fue el resultado de la golpiza. Aunque lo peor de todo vino cuando Mark despertó. No tenía recuerdo alguno de su vida antes de aquél día en el bar.

De un día para otro, toda la vida de este hombre fue borrada y debió partir de cero. Incluso debió aprender a caminar y leer de nuevo. Para aumentar un poco los problemas, a los 40 días debió abandonar el hospital y la terapia a la que era sometido, debido a que no podía costeársela. ¿Qué hacer cuando no tienes vida, no tienes mundo, no tienes los recursos para recibir un tratamiento? La respuesta que halló Mark fue la de crear su propio mundo y su propio tratamiento. Se llama Marwencol, se encuentra en el patio trasero de su casa y es una construcción en escala de 1/6 de un pueblo ficticio de Bélgica durante la Segunda Guerra Mundial. La población que habita el lugar son muñecos GI Joe y muñecas Barbie, muchos de los cuales representan a amigos reales del propio Mark. En el pueblo se viven toda clase de aventuras, hay mucho sexo y batallas contra los nazis que tratan de invadir. El protagonista de las aventuras es el mismo Mark, quien tiene su alter ego representado por un muñeco con una gran cicatriz en el lado derecho de su rostro (el lado de su cerebro que recibió el mayor daño en el ataque).

Si lo anterior suena raro, es porque lo es. Pero además es fascinante y demuestra una capacidad de resiliencia asombrosa. Porque puede pensarse que Marwencol es una creación realizada por un niño, un juego infantil con muñequitos que no conducen a ninguna parte. Por el contrario, Marwencol es, en primer lugar, la terapia que encontró Mark para seguir adelante. En segundo lugar, es literalmente el mundo en el cual Mark vive. No se entienda con esto que Mark niega la existencia del mundo real. Tiene un trabajo una vez a la semana en un restaurante, hace las compras, pero no es este el mundo que le importa o en el cual se siente cómodo o al cual le encuentra sentido (¿tiene sentido el mundo en el que vivimos?), es en Marwencol, en su propia creación, donde Mark se siente seguro, confiado.

Es el lugar donde vive de manera plena. Ese es “su mundo”. Ahí es donde las cosas tienen sentido, donde conoce a cada habitante, donde tiene control de lo que ocurre. Porque hay vida en Marwencol, cada habitante tiene su historia, cada personaje está “vivo”, al menos para Mark.

Y cada aventura, cada momento de vida que ha habido en Marwencol, está documentado por cientos, miles, de fotografías que el mismo Mark ha tomado. Y es que Mark es un artista, aunque él no se dé cuenta. Antes del ataque, tenía una habilidad inmensa para dibujar, pero después de que salió del coma, sus manos temblaban tanto que era incapaz de sostener un lápiz, mucho menos dibujar. A pesar de esto, Mark a desarrollado una habilidad motora notable, una paciencia extrema, una imaginación privilegiada y un ojo fotográfico admirable. Y es debido a esta capacidad en la fotografía que, mientras se desarrolla el documental, llegan los problemas. Un reportero se interesa en el trabajo de Mark, lo publica en una pequeña revista y luego llega la oportunidad de una gran exhibición en una galería de arte en Nueva York.

¿Alguien se da cuenta que este bello arte que logra Mark es de una intimidad casi vergonzosa y una forma de sobrevivencia difícil de comprender? ¿Alguien nota que el sacar esto a la luz de una manera tan frontal como lo es en una galería de arte, puede resquebrajar el delicado equilibrio en el que se sostiene Mark?

Marwencol es una maravilla. Es de esos documentales que nos hacen vivir un misterio, que nos hacen transitar una experiencia especial que no habríamos podido vivir de ninguna otra manera. Marwencol, la ciudad en miniatura y el documental, son obras de una grandeza absoluta y arrebatadora, que nos hacen replantearnos y preguntarnos miles de cosas. Y Mark es un ser humano que jamás olvidaremos.

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