Las Acacias: Una Road Movie a la Criolla
A fuerza de persistencia y buenas producciones el cine independiente argentino se ha granjeado el respeto de la crítica, tomando distancia -en ocasiones- de la etiqueta de “Nuevo Cine Argentino” que suele actuar más como justificante de una estética común, que de una forma de ver y entender un cine cuyos orígenes se remontan a los años ’60, al grupo de los 5 y a Leopoldo Torre Nilsson.
Desde la mitad de los `90 hasta el presente, el fenómeno independiente ha crecido de manera notable tanto en productos como en creadores; auge que trajo consigo reconocimientos internacionales. Ejemplo reciente de esto es Las Acacias, Opera Prima de Pablo Giorgelli que obtuvo la Cámara de Oro en la pasada edición del Festival de Cine de Cannes, el Premio Horizontes Latinos en San Sebastián y el Premio Mayor en el Festival Latinoamericano de Biarritz. Sin embargo los premios, aunque muchos como en este caso, no necesariamente hacen a la excelencia de un film y a veces sorprenden hasta al mismísimo premiado.
Para tratarse de una primera película, es innegable el profesionalismo que Giorgelli despliega y que se materializa en los diversos ejercicios expresivos que el guión va requiriendo a medida que avanzan los minutos. El planteamiento argumental es sencillo: Un camionero debe trasladar a una desconocida y a su bebé desde Paraguay hasta Buenos Aires, hilo conductor de esta road movie criolla a la que Giorgelli parece plantarle cara -como si se tratase de un desafío- para poner a prueba su potencial comunicador. Y en los primeros minutos da la sensación de que fuera a conseguirlo. El silencio inicial de los protagonistas, obligatorio dadas las circunstancias de desconocimiento de ambos, bien conseguido mediante primeros planos que descubren gestos de incomodidad y trasmiten cierta tensión, se torna insoportable cuando luego de pasada la primera media hora aún debemos aferrarnos a las bocas apretadas, a los ojos esquivos reflejados en la ventanilla, al ruido del motor y al llanto del bebé.
La propuesta de Giorgelli requiere un gran porcentaje de complicidad del espectador, de eso no cabe ninguna duda. Nos invita a ser testigos de este casual encuentro y para ello se quita de encima todo artilugio técnico que distraiga nuestra observación. El esfuerzo no parece en vano y se sustenta con un buen trabajo actoral. Sin embargo el desafío de Giorgelli trastabilla quizás por el exeso de confianza. El clima hostil entre Rubén (Germán de Silva) y Jacinta (Hebe Duarte), equilibrado por la presencia de Anahí (Mayra Calle Mamani), es un logro irrefutable; pero la narración carece de los recursos para evitar ser previsible y se hace insostenible cuando advertimos que paulatinamente la hostilidad mutará a posible romance, aunque para ello deberemos recorrer primero 1.500 kilómetros y 85 minutos en los que los simbolismos -previsibles también- serán la única vía de escape. El campo abierto y aireado se nos presentará como contraposición a la cabina cerrada y diminuta gobernada por el rugir del motor, única banda sonora del film.
Si bien Giorgelli logra trasnmitir lo que pretende sin mayores recursos, hay en el cine argentino algunos referentes que han transitado el mismo camino con anterioridad y lo han hecho de una manera contundente. En “Bombón, el perro” e “Historias Mínimas”, ambas de Carlos Sorín, la necesidad de implicación por parte del espectador es similar, la complicidad que del público se requiere es igual, y el riesgo es el mismo.
Sin intención de desacreditar los puntos de vista de los distintos jurados que la han laureado, me atreveré a decir que Las Acacias no está a la altura de otras grandes realizaciones del cine argentino que no han obtenido mayores reconocimientos, aunque eso, ya se sabe, no es lo más importante.



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