La Alta Competencia

Escrito por 14 febrero 2012

Si pudiéramos compararlo con un futbolista, el cineasta danés Christoffer Boe es como el chileno Matías Fernández. Debuta con mucho éxito y alcanza la gloria como un paso lógico, consecuencia de la belleza y pureza del arte que ha sido capaz de crear. Las rabonas y los amagues mágicos del colocolino significaron que el chileno fuera escogido el 2006 el mejor jugador de América y después, de inmediato, saltó al fútbol del primer mundo. Tres años antes, justo cuando el centrocampista debutaba en el profesionalismo, Boe estrenó Reconstrucción de un amor en Cannes. Su primer largometraje, el que escribió y dirigió, y con el que obtuvo dos premios de los importantes.

Ambos, futbolista y cineasta, subieron como la espuma y el público los llevó en andas a la alta competencia. El mediocampista, con el apoyo de la hinchada, llevó sus zapatos a un humilde club español y su chispa se apagó, se transformo en una sombra y se conformó con ser un fantasma. El cineasta, con la expectación de la crítica, se metió en un proyecto difícil. La complejidad de su primera obra, donde la psicología de los personajes es determinante, se presentaba como una marca por superar y el laberinto crece y más muros y pasillos oscuros conducen al inicio o a ningún lugar. Allegro de 2005 mezcla ciencia ficción con fantasía y surrealismo, el resultado es difícil de digerir. Luego hizo un extraño documental titulado Offscreen y en 2010 estrenó Todo va a estar bien, una joya que hasta ahora ha pasado desapercibida.

Si bien Fernández ya no es el de antes, todavía nos sorprende con uno que otro golazo. Sabemos que el mediocampista chileno es un jugador competente, lo mismo el cineasta danés, aunque de alguna manera están en deuda. El que no brillen en todo momento, de ninguna manera significa que hayan perdido la capacidad de resplandecer, aunque sea por un instante, ya sea por un pase filtrado, un tiro imposible con destino de gol, una escena inexplicable que al conectarse con la obra le otorga sentido, un diálogo entre líneas o la sorpresa del final.

Pero bueno, me estoy demorando mucho en llegar a lo que nos convoca: Todo va a estar bien. La historia es bastante simple, aunque el espectador es confundido por Boe de principio a fin. Nuestro protagonista es Jacob (Jens Albinus), un escritor que lógicamente está bloqueado, que debe terminar un guión que todavía no comienza, y que cuenta con un productor que lo apura a gritos cada vez que puede. Se le ocurre contar la historia de Ali, un inmigrante que es llamado a la guerra en representación de Dinamarca. En el desértico campamento Viking, Ali oficia de intérprete y es testigo de crueles torturas que alguien registra con fotografías. Las imágenes, que podrían desatar un escándalo internacional, son llevadas tan escondidas como el hachís de Expreso de Medianoche por el protagonista que regresa a su hogar, pero los militares lo obligan a firmar un acuerdo de confidencialidad. Ali no puede vivir en paz, los fantasmas de la guerra y el hecho de que el ejercito pueda hallar las fotos que esconde lo obligan a escapar de la ciudad. Entra a la fuerza en una cabaña en medio de un bosque y cuando decide continuar su huida es atropellado por Jacob. Ficción y realidad se mezclan de golpe. Van veinte minutos de película.

Esto no es algo nuevo, la intertextualidad, el escritor en la literatura y el guionista en el cine, como individuos que se presentan como narradores y que luego se transforman en personajes tiene gloriosos antecesores. Está el genial cuento Continuidad de los parques de Julio Cortázar y a nivel cinematográfico sus antepasados más directos son El ladrón de orquídeas y Más extraño que la ficción. Pero Todo va a estar bien, esta cinta es distinta, obsesiva y paranoide, tiene una aparente lentitud cuyo ritmo se basa en el caos calmo, donde hay una tensión constante impulsada por su emocionante banda sonora. Eso sí, hay que tener paciencia para seguirle el juego a Christoffer Boe, simplemente estar dispuesto a unir las piezas del puzle justo cuando aparecen los créditos, no antes.

Nota aparte es el claro homenaje del poster de esta cinta, que rinde tributo al misterio y suspenso que Hitchcock inmortalizó en Vértigo.

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