Fuckland: Una mentira de película
Hay mentiras tan bien contadas que deberían ser verdad. Son esas que dejamos pasar, que aceptamos como si nada porque quizás no valga la pena cuestinonarlas o simplemente porque no nos modifican la existencia. Pero también hay otras que no tragaríamos ni aunque nos obligaran a aceptarla a punta de pistola. Se preguntarán qué tiene que ver esto con el Séptimo Arte. A lo que responderé que mucho, ya que acabo de ver una mentira de película llamada Fuckland.
El próximo mes de abril se cumplen tres décadas de la contienda bélica que enfrentó a Inglaterra y a Argentina por el archipiélago Malvinas, imbecilidad que el cine supo exprimir a ambos lados del Atlántico con mayor o menor acierto. Si bien Fuckland no trata estrictamente sobre esta guerra, su argumento plantea la idea de que las islas Malvinas pueden volver a ser soberanía argentina mediante la iniciativa patrioticamente ridícula del protagonista de este esperpento cinematográfico que se estrenó en el otoño de 2000.
Fuckland, que desde el inicio pretende hacernos creer que cumple los mandamientos del Dogma ’95, es un historia que fusiona realidad y ficción y que transcurre íntegramente en las Islas Malvinas. Fabián Stratas, su protagonista, se cuelga la cámara al cuello y nos cuenta su ingreso clandestino al archipiélago para cumplir la misión que se ha impuesto a si mismo: Embarazar kelpers (isleñas) con el objetivo de engendrar una nueva generación de argentinos que a la larga representen la recuperación de la soberanía argentina en las islas. Si, así como lo lee.
Si bien hizo falta un equipo de siete personas para este rodaje que dirigió José Luis Márques, es a Stratas a quien seguimos en su búsqueda de potenciales “candidatas a ser embarazadas”, a quien le escuchamos soltar toda clase de incongruencias y a quien debemos soportarle esa “viveza criolla” de la que sin duda es fiel exponente.
La mentira del cetificado Dogma ’95 que se nos pretende hacer tragar en el comienzo del film, se queda sin sustento en apenas un minuto cuando la eléctrica de Jimi Hendrix irrumpe como adorno musical, alterando los mandamientos firmados por Lars Von Trier y Thomas Vinterberg. Y ésto sólo por mencionar uno de los aspectos de la estafa Fuckland, ya que los detalles técnicos, comparados con los argumentales, a lo sumo representan una ínfima parte del disparate general.
La “clandestinidad” con la que Stratas insiste a medida que avanza la cinta, no es tal. Y si lo fuera, la peligrosidad a la que se expone este héroe a contramano debería tener alguna consecuencia: lo descubren, lo detienen, lo interrogan (al menos le rompen la cara). Pero ni siquiera eso. Este tipo de 33 años se mueve libremente como un turista o, como él prefiere que lo llamen, un “invasor sexual”. Su voz en off -otro salto de los mandamientos del Dogma- llega a los límites de lo soportable cuando nos cuenta que Camila Heaney, su aparente víctima, es para él una oveja a la que va a recoger. Y con esto queda todo dicho acerca de esta mentira de película que sin embargo -y sin proponérselo- puede provocar alguna que otra risa a ambos lados del Océano Atlántico.



4 comentarios
Bravo!
Yo diría Walter C. Medina, un crítico de mentira.
Que patético comentario, una perdida de tiempo total. O sea, vas a juzgar una película por lo sensato, serio o verídico de su argumento? Really? Dedicate a ver documentales o las noticias que te muestra la tele, ya que parece que no entendés nada de algo llamado ficción (normalmente importante en el séptimo arte).
Parece que con tu criterio una película q transcurre en una fábrica de chocolate o tal vez en un auto transformado en máquina del tiempo serían motivo del mismo desprecio que tiene esta nota?
Realmente una imbecilidad total este artículo.
Que lastima que participen este tipo de seudocríticos impresentables en el sitio. Una pena realmente. Ah, el tono antiargentino, totalmente innecesario.
Yo me pregunto, desde un punto de vista diplomatico y de sentido común: si “embarazas kelpers” pasan dos cosas, la primera es que no son argentinos los descendientes sino ingleses; segundo las ideas descabelladas y estúpidas, sean una ficción o no, no dejan de ser absurdas; en temas como este no deberían existir elucubraciones patrioteras. Lo siento, no me gusta.
Totalmente de acuerdo; una mentira intregable y pretenciosa.