Angst (Miedo)
El cine tiene una forma especial de tratar a los asesinos en serie. Desde la locura absoluta de un Norman Bates en la fundacional Psicosis, pasando por los asesinos disfrazados e inmortales de los ´70 y ´80 como Myers, Voorhees y Krueger, hasta llegar a nuestros asesinos modernos, como el John Doe de Seven, el Hannibal Lecter de Manhunter y El silencio de los inocentes o la pareja enamorada de Asesinos por naturaleza. Pero son pocas las películas que han hecho un retrato cercano, realista y objetivo (si es que cabe) de los asesinos. OK, lo hizo Fritz Lang en M, pero estamos hablando de cine más moderno.
Si hablamos de películas que, sin duda, se han acercado más a una mente real de un psicópata, es imposible pasar por alto la clásica Henry: Retrato de un asesino, dirigida por John McNaughton y estrenada el año 1986, en la cual se describe el día a día del protagonista homicida. Obra demoledora como pocas, nunca nos explica realmente los motivos que Henry tiene para matar, así como jamás está la posibilidad de que sea capturado por la policía y terminar con el terror que su figura plantea. En el mismo mundo en que se mueve la ópera prima de McNaughton, se encuentra una obra austriaca injustamente desconocida titulada Angst (Miedo), dirigida el año 1983 por Gerald Kargl.
Quizás tan brutal como Henry, esta es la historia de un hombre que ha estado en la cárcel los últimos diez años de su vida. Un casi constante relato en off entregado por él mismo, nos va dando detalles de su vida, de sus sueños, de sus ansias y urgencias por matar. Su nombre nunca nos es revelado pero eso es lo de menos. Su presencia es avasalladora, su necesidad que lo urge es aterradora.
El relato comienza cuando es liberado de prisión y sale a una ciudad que ya no conoce, debido a que luego de una década encerrado ya nada es igual. Su deambular por las calles tiene un sólo objetivo: encontrar a su próxima víctima. Ya ha pasado demasiado tiempo desde la última muerte y han pasado muchos psiquiatras preguntándole acerca de sus acciones. El hambre por la sangre es urgente. Luego de un fallido intento de matar a una taxista, quien, de acuerdo al relato del psicópata, le recuerda a su primera novia, “una auténtica puta”, se encuentra con una casa retirada de la ciudad. A primera vista parece abandonada, pero luego se encuentra con un hombre en silla de ruedas que padece retardo mental, la madre de éste y su hermana. El plato está servido para que la sangre corra.
Escrita por el mismo Geral Kargl en colaboración con su director de fotografía, el polaco Zbigniew Rybczynski, el film derrocha estilo visual y trabajo de cámara. Extensos planos secuencias, muchos de ellos desde una grúa altísima, nos dan cuenta del cuidado que ambos pusieron en el momento de concebir su obra. Acá la cámara no es un simple decorativo de movimiento gratuito a la Spielberg; aquí la cámara busca adentrarnos en la mente de este sujeto enfermo y cada vez más inestable. Y no solo nos adentra en la oscuridad de su mente, también en los motivos y necesidades.
Resulta extraño que Kargl nunca más haya realizado otra película, aunque no resulta extraño que esta película se haya mantenido vigente (Gaspar Noe la cita como una de sus película favoritas y que más lo han influenciado), aunque desconocida para la gran masa de público, y es que es difícil de ver debido a sus fuertes imágenes y a la locura que exuda en cada fotograma.
Relatada casi en tiempo real, Angst no es una película que atraerá multitudes. En solo 75 minutos nos lleva junto a un asesino que nos dice qué es lo que quiere hacer con sus víctimas y por qué quiere hacerlo. Un paseo sin duda arduo, desagradable y muchas veces nauseabundo, pero que posee una fuerza demoledora y un arrojo por parte de los realizadores que hoy, casi 30 años más tarde, es difícil de encontrar de esta manera, sin caer en gratuidades y porno tortura (Hostel, Saw, Etc). Angst está alejado de todo esto y se alza como una obra única, un intento efectivo y serio de escarbar en la mente de un asesino real.



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