Mar del Plata 2011: Girimunho

Escrito por 12 noviembre 2011

La diferencia entre ficción y documental cada vez importa menos. Las categorías en el cine, cuando el resultado audiovisual realmente es bueno y de calidad, las olvidamos simplemente porque dejan de importar. Así como los nombres, los formatos, los tecnicismos. Calidad digo, en cuanto a comprender un mundo, una persona, un lugar, a través de imágenes y sonidos que nos cuentan una historia distinta y que a veces, ni siquiera nos cuentan una historia: simplemente nos muestran otra cosa.

Girimunho, primero, es el retrato de un lugar en Brasil, lejos de las grandes ciudades, lejos de Sao Paulo. Y primero también, es el retrato de una familia, de una mujer, de una abuela, viejita, linda y sabia. La abuela y sus cuatro nietos, la herencia familiar, los carnavales, las tradiciones, la religión y los rituales. Sabiduría pura.

La película arranca con nuestra viejita cantando y bailando, y cuando llega a casa su hombre, viejito también, le reprocha por no estar. A la mañana siguiente, el hombre amanece muerto y la abuelita consuela a su nieto llorando, diciéndole que ella nunca llora, que no hay por qué llorar. Cada palabra que sale de su boca la escuchamos como la última palabra, como la más importante de todas.

La cámara, detalladamente cuidada, encuadra cada plano para mostrarnos el lugar más bello del mundo, justo en ese segundo mientras permanecemos en la película. La luz ilumina los rostros, los detalles, las arrugas de la señora y por cada arruga una reflexión, un pensamiento, un consejo de grande para chica. Su nieta, joven, se quiere ir a estudiar lejos del pueblo y la señora, sin problemas le dice que se vaya, que haga lo quiere hacer porque la vida es una y hay que hacer lo que uno quiere. Solo así se vive bien. “Bastu”, la abuelita de todos, solo ríe y baila, disfrutando lo sencillo que la vida nos da.

El contraste generacional. Nietas y abuelas. Los viejos siempre nos enseñan a los chicos, y todos alguna vez nos equivocamos. Las intuiciones, los consejos, las buenas palabras, las malas palabras. Todos tenemos razón, mientras comprendemos la mirada del otro.De la otra palabra, la otra historia. Porque distintos, aún somos familia. Y a la familia hay que escucharla, hay que sentirla, cerca desde lejos. Y si algún día partimos, seguiremos estando exactamente igual.

Un día, la abuelita se va sola a tirar al río las pertenencias del abuelo, a dejarlo partir y vivir su luto desde su alegría innata y absoluta. Al volver a casa, abraza a su nieta preocupada por su ausencia y ambas vuelven a sonreír.

Nos contaba la productora de la película, que los realizadores y el equipo de trabajo se preocupó de conocer en profundidad el lugar, para comprender su esencia y retratarlo tal cual. Y a los personajes también, antes de que el abuelo falleciera. Una vez arrancado el rodaje, todos dejaron que Bastu se desenvolviera tal cual en su vida pero que además hablara e hiciera lo que quisiera hablar y hacer, mientras ellos se preocupaban de retratarla audiovisualmente, de esta forma, la mujer construía su propio personaje.

Ficción, documental…

Otro día, la abuelita duerme la siesta y cuando despierta habla emocionada sobre lo hermosas que son las luces de colores en la ciudad de Sao Paulo, la nieta la escucha con atención, le pregunta cuando fue que fue a la ciudad, la abuelita responde que solo lo soñó, y que esta segura de lo hermosas que son.

Que su sueño es suficiente, me dijo, mientras yo la escuchaba con atención.

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