El niño de la bicicleta: nacido para correr
Es todo un desafío escribir sobre los hermanos Dardenne. Pero es un buen consuelo suponer que a todos les pasa lo mismo, y como siempre termino ganando más de lo que pierdo cuando hablo sobre ellos… aquí estoy.
Con El Niño de la Bicicleta (Le Gamin au Vélo) —última realización de estos belgas y con la que ganaron el Premio del Jurado en Cannes 2011— nuevamente vemos el extraño atractivo que provocan sus cintas, las que a pesar de no generar, en algunas oportunidades, la entretención que debiesen, poseen un espíritu interesante que no te permite desconcentración alguna durante toda su duración: la maestría de los Dardenne radica en que manejan el suspenso con la más noble de las sutilezas.
En esta historia, otra vez vemos a un niño. La fuerza dramática de todo el relato la contiene un inexperimentado de las convenciones sociales. Su nombre es Cyril Catoul (Thomas Doret), quien a sus 12 años vive un refugio del primer mundo donde fue internado, y quien basa su existencia en la búsqueda de su padre, del cual poco se sabe. Pero gracias a Samantha Puccio (Cécile De France) todo cambia; ella es una peluquera que, mediante la bicicleta que unifica toda la narración, conoce a Cyril, se encariña, y está dispuesta a llevárselo los fines de semana a su casa, mientras se va gestando una relación de profundo amor, y, mucho más que eso, de oportunidades. Por cierto, Samantha cuenta con algo a favor: la madre biológica del niño no existe en el relato: no se nombra. Nunca estuvo.
Por otro lado, el padre (Jérémie Renier, colaborador recurrente en las cintas de los belgas) es un tipo capaz de renegar de sus responsabilidades. De hecho, su hijo lo enferma de los nervios, y sin mayores explicaciones, no siente nada más que rechazo hacia él. Si bien el detesta a Cyril, pareciera que ninguno de los dos tiene la culpa. ¿Puede un padre no amar a su hijo ?¿Es condenable? Son algunas de las dudas que nos planteamos, entonces, al ver este filme (siendo, quizá, el caso más cruel que he visto en la historia del cine, desde la película holandesa Karakter, de 1997).
El Niño de la Bicicleta es un largometraje técnicamente sencillo, cercano, incluso cotidiano en los patrones que muestra. Pero dentro de esta pequeñez cinematográfica (característica de los Dardenne), se rescata su grandeza en la detenida mirada hacia las relaciones sociales y los roles que nos han impuesto a través de ésta. La película es una clase magistral sobre la verdadera esencia del ser humano. Mucho más allá de un “papel” social, nos dejamos llevar por nuestros instintos primarios; Independiente de lo establecido, existen químicas, emociones y corazonadas entre nosotros, que condicionan comportamientos y sentimientos.
Se trata de una cinta que se nos aparece como los cambios de luz durante el día, los cuales permiten ver sombras y en lo adverso, resplandores. Una película que se esconde, y que si fuese una persona, se sonrojaría todo el tiempo. El carácter del niño es el mapa en donde la bicicleta recorre un azaroso trecho de rabia e ira; es la motivación y la excusa para prácticamente todo lo que sucede. Por su parte, sosteniendo el impulso emocional como pocos, el precoz actor Thomas Doret, personifica una generación masiva de niños estándar, que ganan el protagonismo necesario en cualquier persona, menos en sus padres. Ambos protagonistas (niño pre púber, y mujer adulta madura) se mueven en la soledad que, adecuándola a cada realidad cotidiana, los somete. Lo peor: que no es autoimpuesta. Resultado: otros así quisieron aquel destino para ti.
Le Gamin au Vélo también habla en grandes cantidades sobre la paternidad y el amor. Y sobre la infancia. Estos tópicos acompañan prácticamente toda la filmografía de los Dardenne, quienes hace 23 años decidieron trabajar juntos, y así ha sido hasta el día de hoy. Sus dos visiones, en conjunto, han fomentado la realización de un arte que no se juzga, no se critica, está bien contado y por si fuera poco, dan la oportunidad al espectador de darles el final que deseen (lo que no quiere decir que sean finales abiertos) a sus obras. Trabajan sobre dualidades. Más preguntas que respuestas. Las segundas están condicionadas desde la sensibilidad de quien las observa; no hay una verdad absoluta. He ahí su éxito; a pesar de la desazón que generan, todos quedan felices. Tú terminas haciendo el trabajo.
Una vez más, los hermanos Luc y Jean Pierre crean una cinta que mezcla la rudeza de la vida, las obligaciones que imperan entre nosotros, pero accionadas con profunda inocencia. En este caso, la defensa del bienestar de una bicicleta y su posterior cuidado, que es prácticamente lo único que une a un hijo con su padre. De hecho, es un estudio humano. Su premisa básica: la verdadera familia se escoge, y llega en los momentos más inesperados. Personalmente, siento que en esta última entrega de los belgas aparece la desesperación y la búsqueda de aquel que desea sentirse querido. Porque en el fondo, eso es lo que todos buscamos. Y mientras tratamos de realizar ese objetivo, lo pasamos mal. Eso es El Niño de la Bicicleta.




3 comentarios
kesaen de los elmanos dardenne
Los Dardenne son de otro planeta!
No sé si los Dardenne usan cintas, yo me quedo con la a minima.