Tardes de cine: El color del dinero
No estoy autorizado a dar su nombre, pero éramos grandes amigos. Me acuerdo que él siempre me hablaba de esta película. Y cuando nos juntábamos a tomar, en ese tiempo, en los pastos de la Universidad de Concepción, él me terminaba hablando la mayoría de las veces, de El color del dinero. Ninguno de los dos estudiaba ahí, pero era el mejor lugar donde estar un viernes por la tarde. Salía mas barato y uno se podía tirar de espaldas, mirando el cielo y conversar de películas o lo que sea, hasta que llegaban los guardias.
El quería ser guionista. No director. No le gustaban las luces de un director, sino el bajo perfil de un guionista. Para él, ahí estaba todo lo creativo, él inventaba una cierta visión del mundo y el resto del equipo solo tenía que interpretar el texto de la mejor forma posible. Además para él, el guionista era el verdadero dueño de la historia y el que realmente tenía que llevarse los aplausos y no el director, ya que este último solo “ponía la cámara y listo”.
Y me decía que el guión de El color del dinero era simplemente perfecto. Cuando hablaba le brillaban los ojos, se apasionaba. Tal vez por eso éramos amigos, siempre me he sentido cómodo con las personas que se apasionan por las cosas.
Me decía que por algo el guión de esta película lo había citado el gran Syd Field en El manual del guionista. O también mencionado por el mítico Robert Mckee en su libro, El guión. Me decía que dos referentes del guión a nivel mundial no podían estar equivocados. Que Richard Price era lo máximo y que solo un genio podía haber escrito The Wanderers a los 24 años.
Creo que terminé viendo la película casi por obligación. O por compromiso. En ese tiempo no me gustaba ver películas viejas. Tenían otro ritmo, no me gustaba como quedaba la calidad de la imagen ni la música, cosas así. Pero me decidí un día a verla, ya que éramos amigos y también quería opinar. Me acuerdo que la arrendé en un video club. Y claro. Entendí todo. Había un triangulo amoroso, gente con demasiada ambición y aprendizaje en plena calle.
Es la historia de un jugador retirado, que deambula por bares de mala muerte y salones donde se hacen apuestas. En una de esas andanzas conoce a un joven inexperto, pero con un talento enorme para el billar y juntos deciden ganar dinero, ya que son algo así como la mezcla perfecta entre talento y experiencia. Es algo que te va atrapando de a poco, pero en donde uno termina cayendo completamente. Y apostando por ellos, claro.
Mientras veía la película, aparecían frases como “el dinero ganado gracias al azar es el doble de dulce que el ganado gracias al sudor de la frente”. O cuando entran a un salón de billar repleto y Eddy (Paul Newman) pregunta: “¿lo hueles?” y Vincent (Tom Cruise) dice: “¿el humo?” y la mujer responde, conociendo perfectamente lo que Eddy tenia en mente: “no, el dinero”.
Con el tiempo se transformó en una de mis películas favoritas. Han pasado los años desde que la vi por primera vez. Gracias a la casi obsesiva recomendación de mi viejo amigo.
En su momento hizo algunos cortos. También participó en algunos festivales de segundo orden. Pero no se la pudo. Lo intentó, trató de muchas formas, pero no fue suficiente. No consiguió ser guionista. Ahora trabaja en una notaría a pesar de haber estudiado Comunicación Audiovisual. Igual, por lo menos en estos momentos, económicamente hablando, le va bien. Mucho mejor que cuando intentaba ser guionista y chocaba una y otra vez por la falta de lucas. Tampoco hablamos mucho ahora. En cierta forma ya no somos amigos. Ya no tenemos tantas cosas en común ni de qué hablar.
A pesar de eso, nunca le cuestionaría que su cambio de vocación fuese tan radical. No es el único al que le ha pasado. Ejemplos hay miles. Total, es solo alguien más que se deja encandilar por el color del dinero y eso para mi, no tiene nada de malo.



3 comentarios
Yo creo que todos, ojalá no fuera así, nos encandilamos por el “color” de muchas cosas, tarde o temprano. Saludos desde Conce, que agradable es leerte nuevamente
Gracias Maca. Cierto lo que dices, yo también creo que ha todos les pasa, en distintos grados. Buenos recuerdos de Concepción. Saludos.
Muy valiosos los matices personales en tu reseña. Me has motivado a ver esa película. Gracias.