Hermosos Perdedores: Una historia en bicicleta
«Una luminosa y extraordinaria novela sobre un personaje tierno y entrañable que no quiere dejar escapar la oportunidad de convertirse en la persona que siempre quiso ser».
La persona que siempre quiso ser.
Smithy Ide nunca supo cómo quería ser. Eso es lo que dice en la contratapa de Una historia en bicicleta: la persona que siempre quiso ser. Pero Smithy, 43 años, obeso mórbido, soltero, huérfano, alcohólico, nunca supo eso. No tenía carajo idea.
Eso sí, habían algunas cosas que Smithy Ide sí sabía. ¿Qué sabía? Sabía que era un gordo patético y algo apático, que quería mucho a su familia, porque su familia era todo lo que él tenía. Su mamá. Su papá. Su hermana —sobre todo: su hermana. También sabía que se había quedado solo, que no podía dejar de tomar vodka naranja ni de comer galletas saladas, y que un six pack de cervezas le ayudaba a quedarse dormido más temprano. Y sabía que su vida, ahora, en ese momento, a los 43 años, estaba recién empezando.
Pero también habían muchas cosas que Smithy no sabía. No sabía, por ejemplo, que todavía sabía andar en bicicleta, ni tampoco se acordaba de cuán veloz y delgado había sido en su adolescencia. No sabía que podía basar su dieta en los plátanos y los sándwich de atún, ni menos que sería capaz de cruzar Estados Unidos arriba de una bici, solo versus su país.
Cuarenta y tres años. ¿Mucho tiempo para empezar a vivir? No, si existen los motivos. Los padres —buenos, buenos padres— muertos en un accidente. La hermana —hermosa, esquizofrénica hermana, siempre presente como el mejor de los fantasmas— encontrada muerta, tras más de veinte años desaparecida. La vida, entonces, se encuentra ahí, nuevamente en sus manos, lista para ser encarada de frente, el culo sobre la bicicleta, el mundo por delante.
Smithy, cada vez menos gordo, descubriendo que la gente es buena cuando uno confía en ella, sabía que estaba solo. O más bien: creía que sabía que estaba solo. Pero pedaleando por las autopistas, durmiendo en los campos de maíz, conociendo a las personas más raras, se da cuenta que no: nunca estuvo solo, siempre hubo alguien que lo quiso de verdad. Gordo, feo, pesado, borracho, no importa; era amor verdadero —y así, cursi.
Es como encontrar algo que no estabas buscando. O buscar lo que no sabes que vas a encontrar. Las contratapas son tan mentirosas como los avisos de un banco: Smithy nunca supo qué tipo de persona quería ser. Ni siquiera estaba seguro de querer dejar de ser la que era. Pero como si fuera necesario: en la vida —aprendió el buen Smithy Ide— el que sabe pierde.
Esta novela, publicada en 2004 por Ron McLarty, la puedes comprar ahora altiro ya, sin despegarte de tu compu, gracias al sistema de compra online de la Librería Qué Leo.



1 comentario
Cristobal! Voy a saltar de la emocion, saaa!, no, en serio, es mas, vi “Una historia en bicicleta” en Cinepata y dije “No puede ser!”, es uno de los mejores libros que lei en 2006. De hecho de lo leido me gusto: “Cuanto mas esperas y dejas para mas tarde las cosas agradables que deberias hacer regularmente, mas dificil es hacerlas”. Saludos desde Iquique.