Nuestra fiesta de lanzamiento
Vamos a hacer una cinemateca pirata. No sé si vamos a quemar el barrio. Tal vez nuestras novias y ex nos dejaron o les dejamos el auto o algo más. Tal vez a nadie le importe una fiesta en medio del barrio, sin que nadie sepa. Pocos, pero locos. A lo mejor no vamos a hacer la revolución o a lo mejor sí, al menos para nosotros, mientras bailamos Spanish bombs en este lugar que desde ya se perfila como un bar de fiestas clandestino.
A lo mejor son sólo algunos post estudiantes con ganas de quemar el lugar y hacer algo. Ya sea verse a Lynch entero o a todo Jodorowsky o las de Rosario Bléfari. Quién sabe. Sí que se armó el grupo y que lo vamos a hacer y que ya van un par de chicas muy guapas decididas a llamar a sus amigas y a armar la fiesta. Así es, a veces se gana y a veces se pierde y tal vez muchos estimen el cine como algo errado o una pega free lance de pocos ingresos pero los beneficios aleatorios son impagables. ¿Precio igual libertad? Aquí es donde todo se desbalancea pero la luz que entra por entremedio de los árboles al atardecer mientras suena Cat Power y preparamos la inauguración del local es invaluable.
Ya van varias cintas almacenadas para este evento privado, del boca a boca, del que sí supiste sí o sino mejor no. Pero qué más da si la apuesta es humilde como que un grupo de gente se junta a ver pelis y luego hacen una fiesta y todo bien. Los dormitorios equivalen a los ambientes, que pueden ser hasta tres, con dos baños disponibles y una barra. Entonces, una vez encendido el data, comienza la fiesta. Nuestra fiesta con todas las pelis que pudimos traer y almacenar y entremedio de un largo debate elegir cuál sería la primera para empezar. De seguro, Control habrá pasado de largo, pero quien sabe si unos buenos clips pueden hacer el inicio. Y luego un par de cortos y un largo. Nos gustan los dos primeros de My bloody valentine y es una certeza que algún tema sonará en la fiesta.
Mis amigas ya preguntan y ya tenemos un par para el catering del evento.
Sin ellas nos vamos a piso porque esto se transforma en una cantina donde lo único decente a poner sería ‘Punks in the beerlight’ y la verdad sería triste sentirse como un vikingo abandonado. Se aceptan clips y documentales, rockumentales, largos y medios. Todas las instancias y formatos valen para formar esta babilonia clandestina, centro del pecado cinéfilo en medio de la ciudad. Los Perrosky ensayan cerca creo, por ahí por Bilbao o algo así o por ahí quedaba el estudio donde grababan.
Es extraño como la ciudad nos abandona y ya tendemos a tomarla, sin permiso. Ni patente de alcoholes, ni de proyecciones, ni nada, tan sólo una fiesta privada. Algo íntimo para los perdidos que lleguen y se encuentren a gusto entre nosotros. En medio de esta tela de araña, puntos de encuentro, reales, escondidos, como dentro de una cinta de Ezequiel Acuña con Jaime sin tierra tocando a la vuelta de la esquina.
Cat power aún suena por los parlantes cuando hemos decidido apagar la luz a las 5 de la mañana. ‘You’re already in hell, when the bottle is empty’, canta Chan mientras apagamos la luz y fijamos la inauguración para el próximo fin de semana. Empezaremos, entre los más de mil títulos selectos acumulados al instante (de Godard a Von Triers, la favorita es Alphaville), con algo aún entre manos. Las pugnas entre surrealistas y narrativos aún continúan. Está bueno saber de ello. Que todavía hay un espíritu adolescente. Música o cine, todavía nos debatimos, pero ya es tarde y el disco se acabó, aunque la proyectora sigue andando en azul.



1 comentario
Desde Colombia un abrazo incinerador para este artículo cineclubero, cineclub/cinemateca que supongo imaginario/a. Nuestra favorita (una de ellas, difícil sólo una entre las más de 1500) también es Alphaville.