La soledad de los números primos y enteros
Con ocasión del lanzamiento de la trilogía Quispe:
Por Alberto Fuguet.
Este viernes 14 de mayo es el cumpleaños del cineasta independiente peruano Eduardo Quispe. Cumple 31 años pero lo interesante no es tanto su edad, que tampoco es mucha, es la cantidad de cintas (de largometrajes) que lleva a su haber. Es quizás extraño conmemorar el cumpleaños de alguien vivo (muy vivo, totalmente en actividad) es cierto. Y lo que quizás es más curioso es celebrar con una retrospectiva a alguien que es casi inédito tanto en el mundo como en su casa: Lima, Perú.
¿Por qué entonces?
Porque se ha atrevido a filmar fuera del sistema: no está en esto por el lucro o para viajar o para estar in. Se atreve a filmar su particular forma de ver y vivir la vida que poco y nada tiene que ver con lo que está de moda o con como el resto vive o filma sus vidas. No estrena “a la antigua” en los cines comerciales plagados de proyectoras de 35mm porque filma con lo más básico de lo digital. Apenas se han dado por aquí y por allá, en pequeños ciclos y muestras, y si supe de Quispe fue por leer, como lo hago cada tanto, el sitio amigo limeño: cinencuentro.com. Si sus cintas no son invitadas a los festivales de cines es porque, por un lado, Quispe está tan afuera que nadie tiene su mail (aunque tiene un blog) y, por otro, quizás no tiene los contactos o el apoyo de la maquinaria cultural. En un era en que todo se puede ver o se sabe, el encontrarse con un cineasta del cual se sabe nada y no se puede ver algo es un anomalía. Que además de este status de outsider, Quispe en efecto esté outside y acaso out lo transforma en una suerte de llanero solitario del cine independiente latinamericano de verdad. Independiente de todo: de la política, de los grupos, de las estéticas y fórmulas imperantes, de las formas típicas de producción.
Es por eso que nos da gusto poder presentarle al mundo tres –sí, tres- largometrajes de Quispe al que admiramos por su obra en sí, y por su parada moral, su incapacidad de callar lo que piensa, su posición consecuente con sus alegatos contra los poderosos y apitutados, sus odios viscerales, su fantasimo acérrimos a cineastas qe pocos conocen o ven o imitan (de Godard a Tsai Ming-Liang a Guerín y Ceylan) y a su manera casi kamikaze de comunicarse con el mundo tanto en sus declaraciones como en su cine (lean esta entrevista).
El que podamos subir sus primeros tres filmes acá en Cinépata.com nos tiene contentos. Es un cineasta que vale la pena mirar, tenerle paciencia, entender y masticar. No es el cine que uno ve todos los días. Un amigo me dijo que es cine asiático sin premio pero filmado “por acá”. Puede ser. Ver un filme de Quispe puede provocar muchas cosas (entre ellas, seguro: apagarlo) pero también dan ganas de filmar. De olvidarse de la próxima postulación que te está llevando mucho tiempo, de mandar al actorcillo de la telenovela que no quiere “trabajar los fines de semana” y lanzarte a buscar gente más que personajes para que armen la historia. Lo que Quispe está haciendo no es algo del todo nuevo (filmar sin dinero, darle la espalda al sistema, negarse a vender, no llorar) sino que lo nuevo es que a pesar de todo eso, filma y filma y filma bien y está armando un opus que no se caracteriza por la estilización pero sí por su estilo.
Quispe es revolucionario, un guerrillero, un tipo que ha gastado más el tiempo viendo las películas correctas que tratando de conseguir dineros ajenos. Puesto que es casi imposible hablar de un desconocido sin compararlo con alguien, pues caigo en la mala práctica: es un cine joven pero no adolescente, donde hay algo de Cassavettes y de Rohmer, con algo de Bressón, donde los personajes viven una existencia precaria pero no por eso ajena a los problemas que afectan a todos: amores, soledad, inseguridades, marginalidad (de la existencial, no la que “vende”). Sus cintas tienen humor, mirada y si bien se toman su tiempo, también son acerca de gente que no tiene muy claro qué hacer con ese tiempo que tienen. Su cinta “2” es la cinta peruana que más me gustado en años y capaz que es una los filmes latinoamericanos más entrañables en años. Es, además, una cinta romántica con poco romance. Es chico no conoce a chica de una manera como nunca se había filmado. El filme tiene corazón pero también cojones, quiere a sus protagonistas, los respeta y cuida y te hace entenderlos y saber lo que piensan cuando callan. Porque en el cine de Quispe o se habla mucho o no se habla nada, pero cuando no hablan, no es porque no hay guión, es porque no todo se puede expresar.
El propio Eduardo dice que la trilogía es una trilogía porque tiene tres pero en rigor lo que él hace, o creer hacer, son dípticos: “1” y “2” son sobre la imposibilidad de las relaciones y la dificultad de socializar y comunicarse/entenderse en una sociedad mediatizada, con personajes resistiendo el fin del amor en la época del fin de la historia… mientras que “3” y “4” son pequeños recortes de realidad de un collage/radiografia de ‘lo que piensan los limeños’ y los problemas sociales que arrastramos como sociedad….”
Quispe terminó “4” en abril y ahora está preparando el díptico “5” y “6”. Ya veremos de qué van. Esperemos que podamos subirlos a su debido tiempo. Quispe al parecer tiene como meta filmar al menos 33 filmes. Y capaz que lo logre. Dinero no le falta porque, en rigor, no utiliza dinero y cuando no consigue actores, pues actúa él, lo que hace que todo sea aún más en primera persona.
Eduardo Quispe no es matemático pero sin duda tiene un excel creativo en su mente: ve cada película como un número y siente que cada una debe ser mejor que la anterior pero, a la vez, debe conectar con las que la rodean. Y lo logra. Es cosa de ver “1”, “2” y “3”. Más adelante a ver si podemos subir “4” y “5”. Porque su cine puede ser muchas cosas y tengo claro que no es para todos. Tampoco pretende serlo. A mí me parece que es jugado, audaz, honesto, tímido a veces, pudoroso, triste, distímico, real, no impostado, realista sin ser jamás porno, modesto pero no pobre, sencillo, despojado y con un cariño y un respeto inmenso hacia sus protagonistas y hacia la ciudad de Lima, que se ha topado con alguien que la conoce y que no la odia a pesar que por momentos algunos de sus personajes odian su entorno y a sí mismos. La Lima de Quispe es una ciudad de piezas vacías, acaso arrendadas, de parques en la noche, de puestos ambulantes; una ciudad de millones de personas donde sin embargo nadie realmente conecta, donde el Primer, Segundo y Tercer mundo se juntan en una misma esquina, donde los celulares te alejan tanto como las distancias enormes entre un punto y otro.
Bienvenidos al mundo según Eduardo Quispe.



3 comentarios
Estoy cargando Uno completamente animado luego de leer este texto. Gracias, gracias, gracias.
muchachos , a ver si suben la 4 por lo menos. gracias.
Excelente. Una historia como ésta hace recuperar la fe.
Gracias…