Los gustos no existen

En gustos está todo escrito: es cosa de disposición. No siempre podemos lo que queremos, pero si nos disponemos a adquirir un gusto, a valorar algo que a priori detestábamos, a obtener placer de lo que nos daba asco, probablemente lo logremos. Las reticencias, sobre todo en cuanto a los gustos, están más basadas en convencimientos y obstinaciones que en incapacidades por modificar nuestras apreciaciones.
Yo odio las alcachofas. Nunca nada en la vida me dio tanto asco como cuando me tenía que comer el corazón de esas flores feas color moco. A quién se le ocurrió que esa aberración de la naturaleza, que esas hojas tan desabridas, que ese centro lleno de pelos, que esa monstruosidad era comible. Pero además de todo eso que la hace poco gustosa, y que hace que no pueda soportar los recuerdos que aún resisten en mi mente de cuando me tenía que comer ese error de dios, estoy convencido de que no me gusta, de que la odio. Y me siento orgulloso de eso. Me encanta que no me guste la alcachofa.
Eso pasa no sólo en las comidas, sino que en casi todos los ámbitos donde los juicios se basan en los gustos. Casi siempre los tratamos de racionalizar y argumentar con fundamentos altivos y justificaciones cultas, pero al final, en el fondo de nuestros cuerpos, lo que manda y nos motiva es el gusto. Y muchas veces nuestra bacanidad se relaciona mucho más con lo que no nos gusta, con lo que detestamos (sobre todo en público), que con lo que disfrutamos. Hay una choreza malentendida, un estatus basado en el disgusto, en el encontrar malas las cosas, más aún cuando esas cosas son del arte o del espectáculo.
Pero lo peor de todo —si es que esto es peor que algo, no lo sé, a lo mejor es bueno— es que los gustos sí son modificables a nuestro antojo. Podemos elegir, tenemos esa facultad para decidir qué es lo que nos gusta y qué no. Hay muy poco de espontáneo, aunque se crea que tiene que ver con el instinto. Constantemente nos forman los gustos en la tele, en las revistas y sitios que tratan de moldear nuestro estilo hacia su conveniencia. Quizá no nos damos cuenta, pero todo el tiempo estamos siendo tironeados hacia lo que nos tiene que gustar, y la resistencia que podemos ejercer no es mucha porque la mayoría del tiempo no nos damos cuenta. Escuchamos un disco y decidimos que nos gusta, pero después leemos una reseña y vemos una calificación que lo evalúa negativamente, y se nos vienen encima las dudas. ¿Será realmente bueno el disco? ¿Me tiene que gustar algo así, o mis gustos —entendidos como “buenos gustos”—estarán decayendo?
Cuando decimos que una película es buena —respondiendo al impulso de esa maldita pregunta: ¿cómo era la película?— decimos que nos gusta. Que nos gustó. Pero está cada día más feo andar diciendo por la vida que te gustan las películas que a todos les gustan. El esnobismo cinéfilo es repulsivo por sus manías contra todo lo que levante algún revuelo o cierta expectativa masiva. Está bien no ser mediocre, aspirar a riesgos, querer desafíos. Pero también está bueno ir un toque más allá y ver lo positivo donde no lo había a primera vista: saber encontrar los méritos de lo que parecía desmerecido.
A mí nunca me va a gustar la alcachofa porque así lo decidí. No quiero que me guste, no veo nada bueno en comerla, me gusta que no me guste. Pero depende de mí que eso cambie. Los gustos son una decisión. Todo puede ser bello, y no hay nada de malo en eso. La alegría de vivir está ahí.


3 comentarios
No me gusta tu artículo.
Es broma.
A mí muchas veces me pasa con la música que a veces escucho un grupo por primera vez y no me gusta, incluso a veces lo detesto. Tiempo después lo vuelvo a escuchar, y todavía no me gusta. Luego lo escucho por tercera vez, y lo encuentro bueno. Al tiempo después me encanta. Muchos de mis grupos favoritos al principio no me gustaban. Chistoso eso.
se plantea la pregunta del snobismo…es snob no querer ser snob?
Concuerdo con NIETO,es bastante cierto lo de los grupos, a mi también me ha pasado, o con mujeres… xD no entrare en detalles, pero me refiero al conocer a alguien, te puede con el tiempo terminar agregando o viceversa, y para Carlos la respuesta es Si jajaja.